Don José María Rivera, originario del pueblo de Naolinco, vecino de esta ciudad, hijo legítimo de don Antonio José Rivera y doña Inés Viveros, difuntos, otorga su testamento en la manera siguiente: Declara que habiendo contraído matrimonio con doña Dolores Sayas hizo con ella vida conyugal hasta el año de 1820, en que por haber adulterado dicha señora, según consta en la causa criminal que se siguió contra ella y para en el oficio público de esta ciudad, quedaron separados ambos conyugues, sin haber vuelto a reunirse ni un solo momento. Declara que durante el tiempo que vivió maritalmente con su citada esposa hubo por hijos a doña Rafael Bernarda y a doña Petra Plutarca y otros que murieron en su infancia. Declara que las dos expresadas sus hijas se hallan casadas, doña Rafaela con don José Antonio Casas y la doña Petra con don Francisco Pérez Rincón, y que ninguna de sus dos hijas expresadas ha recibido cantidad ni cosa alguna, en razón de dote ni de otra manera. Declara que en el año de 1820 al tiempo de separarse de su esposa la nominada doña Dolores no tenía más bienes que 250 pesos del valor que le tocó en la división de su herencia paterna, consistente en una casa, y que a la vez tenía varios acreedores que le habían dado habilitaciones de consideración, siendo uno de ellos don Bernabé de Elías Vallejo que le prestó 4 000 pesos; y otro don Manuel Ignacio Aparicio en compañía de su tío don Antonio José Rivera a quien debía 2 800 pesos, cuyas deudas pagó paulatinamente. Declara que sus bienes consisten en la casa de su habitación con la fábrica de aguardiente anexa a ella; en las otras dos casas contiguas a la expresada, que llega hasta la esquina de la plazuela del Carbón y bajan por la cuesta de Xallitic hasta encontrar con la fábrica mencionada; en otra casa que fue comprada a doña Carmen Rivera que está en medio de las de don José María León y de los hijos de don Domingo Cereseto alias Piamonte; en un trapiche situado en la hacienda de Sosocola, con los respectivos campos de caña y todos los aperos necesarios; y finalmente en todas las cercas, casas y cualquiera otra finca o mejora que haya en la expresada hacienda, pues ésta la recibió en arrendamiento sin más que las tierras y la casita que se halla respecto al río de Sedeño, que fue la que habitaron antiguamente los dueños de la misma finca. Ordena que el quinto de sus bienes, deducidos los gastos que se tienen que cubrir, quede a cargo de sus albaceas, quienes administrarán las casas que lo compongan y entregarán mensualmente a doña Romana Casanova su líquido para que disfrute de él mientras la señora viva y no se case, y se distribuirán los bienes del quinto entre todos sus nietos con igualdad. Ordena que, a Teodora Contreras, de esta vecindad, y lavandera antigua de su casa, se le consigne un cuartito de algunas de sus casas para que durante sus días viva en él sin que se le cobre renta alguna. Nombra por sus albaceas a sus hijos políticos don José Antonio Casas y don Francisco Pérez Rincón, y a su primo don Antonio María de Rivera. Instituye por sus universales herederos a las dos referidas sus hijas, doña Rafaela Bernarda y doña Petra Plutarca Rivera.
JUAN NEPOMUCENO DE ARRIAGA, ESCRIBANOTRAPICHES
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El Presbítero don José Vicente Espino, otorga que vende, cede y traspasa a favor de Diego Melchor, vecino de Tehuacán, residente en esta Villa, un molino o trapiche de moler caña, con sus casas y jacales, tierras y campos de caña, muebles, útiles y herramientas, con todo lo demás que le es anexo, situado en la Doctrina de Xicochimalco, de esta Jurisdicción, el que se nombra Chapulapa, que linda por el sur con el río así llamado, por el oriente desde el paso de Chichilan, con tierras de Antonio Hernández, y otro pedazo de Chimalpablo, desde dicho paso busca el lindero mirando al norte hasta la cumbre de la loma donde está un palo blanco grueso, dicha tierra tiene 300 varas del paso a la cumbre de dicha loma, hasta coger la medianía, lindando con el terreno de Pedro Celestino, y a la vuelta de la zanja de arriba hasta lindar con la de Francisco Hernández, y topar con el río mencionado. La venta se hizo por precio de 1500 pesos.
Manuel de Acosta, como principal, Marcos de Acosta y Eugenio de la Peña, fiadores vecinos de la jurisdicción de Jalapa, se obligan a pagar a la Iglesia Catedral de la Puebla de los Ángeles, 525 pesos de oro común que le están debiendo de diezmos de los trapiches de Naolinco y de los ingenios de Jalapa, que fueron a su cargo, cuyo pago han de hacer a 50 pesos en cada división, siendo la primera por septiembre y diciembre de este año y el resto en los años siguientes por los meses de mayo, junio, septiembre y diciembre, hasta terminar.
Alberto Pérez, vecino de Atzalan de la jurisdicción de Jalacingo, natural de Noya en el Reino de Galicia, hijo legítimo de Francisco Hernández y de Inés Pérez, difuntos, otorga su testamento donde declara lo siguiente: no debe nada a persona alguna, a él le deben algunas personas que constan en su cuaderno. Tiene entre sus bienes un trapiche de caña con todo lo necesario; una casa de cal y canto en el pueblo de Atzalan que esta grabada a censo en 50 pesos de principal; una esclava nombrada Bárbara; bestias mulares, caballares y de otra calidad que se encuentren en el trapiche. Declara que es casado con Josefa Quiñones, quien trajo a su poder 2 bestias mulares y él no tenía caudal alguno, tuvieron 4 hijos. Nombra como albacea a su mujer y a sus hijos Josefa y Francisco, y como herederos a su hijos.
Don Ignacio de Herrera y Campo, vecino de Jalapa, con botica propia y trapiche de hacer panela, se constituye en fiador principal de don José de Herrera y Campo, Colector en este pueblo del Ramo de la Real Lotería, por la cantidad de 2, 000 pesos, para que ejerza tal puesto.
Luisa Ordóñez, vecina de Jalapa, hace gracia y donación a Juan Bautista Ordóñez y a Diego Ordóñez, sus sobrinos, de un sitio de estancia para ganado menor y tres caballerías de tierra, en términos de Chiltoyac, en la parte que llaman Joloapan, donde Juan de Tejada tuvo un trapiche; así como las acciones de las diligencias hechas de otras dos caballerías y dos sitios para ganado menor que Juan de Tejada pretendía por merced a su linde; y dos caballerías más de tierra con licencia para fundar trapiche, donde llaman el Castillo.
Juan de Quiroz, vecino de esta provincia, dio su poder cumplido a Lucas Pérez de Rivera, vecino de la ciudad de México, para que en su nombre recibiere todos los azúcares, mercaderías y otros géneros que le mandare, \" y las pueda vender al precio que hallare\", y asimismo para que pueda pedir a cualquier persona hasta 6 000 pesos de oro común, poniendo como garantía de pago un trapiche con sus calderas, negros, cañaverales, tierras y demás pertrechos.
Alonso García de la Torre y su esposa, Petrona Díaz, vecinos de la provincia de Jalapa, venden a Baltazar Vázquez de Herrera la Venta de Xalatengo y la mitad de un trapiche, con los esclavos negros, bueyes, calderas y cañaverales, por el precio de 3 000 pesos de oro común.
Don Francisco Miguel de Campo, vecino de Jalapa, dijo que el 12 de febrero de 1705, le otorgaron el remate de las Reales Alcabalas por tiempo de 6 años, en virtud de despacho del Capitán Francisco Rodezmo, Contador, Juez Administrador General de Reales Alcabalas, y usando de la facultad que para esa administración le concede, sustituye el poder de administración de esa renta en Juan Francisco de Campo, su hijo, residente en la ciudad de México, para que parezca ante el Santo Tribunal de la Inquisición y demás tribunales hasta conseguir la íntegra paga o despacho contra Manuel de Acosta y contra quien de derecho deba para que lo haga en lo que toca a la compra de un trapiche en esta jurisdicción, y después le devuelva la administración.
Don Diego Martín de los Reyes, cura beneficiado del partido eclesiástico de Naolinco, con poder del Bachiller Juan de Alcántara, mayordomo de las religiosas del Convento de San Gerónimo de la ciudad de Los Ángeles, recibe de Don Cristóbal Flores Altamirano, con poder de su padre Don Nicolás Flores Altamirano, el trapiche nombrado la Limpia Concepción de Nuestra Señora, con su esclavos, ganados y demás aperos.