Doña Micaela de Gamboa, viuda del Capitán Pedro Perdomo, dueña de la hacienda de labor nombrada Cuahutlotlolapa, otorga poder especial al Alférez Juan Meléndez Favio, su yerno, vecino de esta jurisdicción, para que en su representación parezca ante los señores oidores de la Real Audiencia de México y presente la información que tiene hecha ante la Real Justicia de este pueblo, por habérsele despoblado la hacienda en virtud de Real Provisión que con siniestro informe generaron los sirvientes indios gañanes.
SIRVIENTES
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Bartolo Gaudioso, vecino del pueblo de Jalapa, quien fuera sirviente del difunto don Bernardo Ibáñez de Suazo y Landa, del Comercio de España, declara que ha recibido de don Gregorio Ochoa de Amezaga, don Manuel de Portu y don Francisco Agustín Blanco, albaceas del mencionado difunto, la cantidad de 1, 140 pesos de salario por el tiempo que sirvió al difunto.
Don Pedro Fernández, dueño de recua y vecino del pueblo de Tepetlastoc, residente en Jalapa por motivo de que Juan Lorenzo Cano, mozo sirviente de su recua, ha puesto demanda contra el otorgante por castigar y haber tumbado un brazo de un sablazo a un sirviente, otorga poder especial a don José Manuel Malpica, vecino de Jalapa, para que en su nombre y representación lo defienda en dicha demanda.
Don Cayetano Guerrero, vecino de México y dueño de recua, otorga poder especial a don José de Ugarte, vecino del pueblo de Jalapa, para que en esta jurisdicción demande y reciba de cualquier sirviente las cantidades que le adeuden, por razón de hurtos, averías o muerte en sus recuas.
Juan García y María Techipa, naturales de Jalapa, se obligan de servir a Alonso Pérez en su casa por tiempo de un año, al precio de 30 pesos de oro común.
Doña Micaela de Gamboa, viuda del Capitán Pedro Perdomo, dueño de la hacienda de Cuahutlotlolapa y vecina de ese lugar, otorga poder general al Capitán Antonio de Campo, su sobrino, vecino de Jalapa, para que en su representación parezca ante la Real Justicia de este pueblo y presente los libros de cuentas de los gañanes sirvientes, para el ajuste de cuentas que Su Majestad manda se les haga.\r\n
Doña Teresa de Córdoba y Arellano, mujer legítima del Capitán Lorenzo Romero Jurado, vecina del pueblo de Jalapa, por enfermedad de su marido y por falta de memoria, con licencia y facultad para administrar sus bienes y haciendas, otorga poder especial a Domingo de Oliveros, vecino de Jalapa, para que en su nombre y representación pueda administrar su recua de mulas, acomode y quite de ella a cualquier mozo, cargadores sabaneros y otros sirvientes.
Doña Josefa Petronila de la Higuera Matamoros, poseedora del vinculado y mayorazgo que instituyó don Francisco Hernández de la Higuera, actuando con licencia otorgada por su marido, da en rescate a favor de Nicolás de Salazar, una esclava mulata de 25 años más o menos llamada Rosa María, blanca, cara abultada, con un lunar en la frente, pelo corto, no muy alta, bien proporcionada, de buenas carnes, hija de una negra llamada Esperanza Margarita de la Higuera, criolla de ese ingenio, que recibió como dote de su tía doña María. La da en rescate a favor de Nicolás, pardo libre que tiene por sirviente, para contraer matrimonio con ella, quien paga 340 pesos de a 8 reales por cada uno.
Don Bernardo del Castillo, vecino de esta villa, dijo que hubo un sirviente de nombre Polonio Peredo, el cual muchas veces le rogó que si muriese en estado soltero, vendiese su solar y su procedido lo invirtiese en misas por su alma. Y habiendo fallecido sin revocar su encargo, vende a Francisco Antonio Ortiz, de esta vecindad, el expresado solar de 34 varas de frente y 36 de fondo, que por el frente al oriente linda con callejuela de Jorge de Amaya; por el fondo al poniente con solar del comprador; por el sur con el del mismo Ortiz; y por el norte con solar de José de Arrieta. Cuyo solar vende en 58 pesos.
Don José Gómez, natural de Galicia, del lugar de Castres, soltero de 24 años de edad, hijo legítimo de don José Gómez, difunto y de doña María Causián, que vive en dicho lugar, otorga su testamento donde declara que por la muerte de su padre le correspondió un pedazo de terreno que administra su madre; es sirviente de don José Marián, del comercio de Veracruz, en cuyo poder tiene 400 pesos más o menos de salario que ha devengado; nombra como albacea al mencionado José Marián, y como heredera a su madre.