Don Mateo Bautista, y su hermano, Don Tomás de Santiago, naturales del pueblo que fue de Almolonga, y vecinos de Naolinco, venden al Lic. Nicolás Rogel, clérigo, presbítero, residente en esta provincia, y al Capitán Don José de Ceballos y Burgos, su fiador, dueño de ingenios en esta provincia, unas tierras eriazas y barrancosas que distan cinco leguas de Naolinco, nombradas Barranca Seca, y el Potrero de Pacheco y El Guayabal, junto a Tecuantepeque, pertenecientes a los naturales de San Antonio de Tepetlán, lindan con tierras de Chicuacentepec, por el precio de mil pesos de oro común que han de quedar impuestos a censo principal sobre dichas tierras, y una renta de 50 pesos anuales de rédito, a partir de hoy día de la fecha en adelante.
PACHECOS, POTRERO
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José Miguel de Luna, vecino de Tepeaca, con poder de María Gertrudis de Avendaño, don Jose Francisco de Aguirre y Francisca Josefa de Avendaño, da en arrendamiento a Francisco Domínguez Muñiz, vecino de Naolinco, las tierras que son de los agostaderos en el paraje de la Calavera, empezando desde la barranca de Xalcoya hacia abajo, incluyendo los potreros de los Pachecos y rodeo de Almolonga hasta la puerta que llaman de los Apóstoles, incluyendo un corral que hizo Juan Martín y unas casas que hizo Antonio Moscoso, al precio de 100 pesos anuales, por el tiempo de 7 años.
José de Acosta y Juan Rodríguez, vecinos del pueblo de Naolinco, poseedor cada uno de un rancho de ganado mayor en tierras de don José Mariano, informan que debido a problemas suscitados entre ambos, don Juan Rodríguez, le cede al señor José de Acosta, tierras desde el nacimiento de la barranca de Xalcoya para abajo, incluidos los potreros llamados Pachecos, hasta el de las vainillas; esto con el consentimiento de Don Miguel Antonio Pimentel, encargado de las tierras, comprometiéndose ambas partes a respetar dicho acuerdo.