Juan de Estrada, vecino del pueblo de Orizaba, vende a Juan Sánchez Beltrán, 25 mulas y machos de diferentes hierros y colores, cada una de ellas con su carga de corambre y aparejadas con sus aparejos ordinarios, por precio y cuantía de 1 390 pesos de oro común.\n\n
MULAS
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Francisco de Toro, beneficiado del partido de Cuzcatlán, se obliga de pagar al muy reverendo Padre Luis de Oliveros, beneficiado de Zongolica, ausente, 500 pesos de oro común, los cuales son por razón y resto de un negro llamado Diego y 11 bestias mulares aparejadas.\n
Juan Sánchez Beltrán, vecino del pueblo de Orizaba, se obliga de pagar a Juan de Estrada, 890 pesos de oro común, los cuales son por razón de resto de 1 390 en que el susodicho le vendió 25 mulas y machos aparejados con carga de corambre, 2 bestias a razón de 55 pesos, más un caballo en 15 pesos.\n
Gabriel de Caravantes, vecino de la ciudad de México, ratifica haber vendido, por medio de Luis Diez, quien tenía su poder, ocho mulas y ocho machos en precio de 160 pesos de oro común, a Hernando de la Plata, vecino de Maltrata.\n
Martín Rodríguez, vecino del pueblo de Tecamachalco, se obliga a pagar a Miguel Carrera 220 pesos de oro común, los cuales son por razón de 6 bestias mulares hembras, 2 mansas y 4 cerreras, herradas con el fierro de Carrera que está en el margen de esta escritura.\n\n\n
Diego de Lucas, vecino de la ciudad de los Ángeles, se obliga a llevar 21 mulas cargadas de cacao, propiedad de Francisco Mejía Saavedra, desde el pueblo de [Tlalixcoyan] hasta la ciudad de Tlaxcala, de hoy en 16 días. Y el susodicho Francisco Mejía le ha de dar y pagar por flete de cada una mula 7 pesos de oro común.
Antonio Rodríguez, arriero, se obliga a pagar a Miguel Guillén y a Pedro García de Bohórquez, 95 pesos de oro común, precio de 3 mulas de diferentes hierros y colores que el susodicho compró.\n
Juan Moreno de Moya, vecino de la ciudad de México, se obliga de pagar a Luis de Saavedra, Cura y Vicario de esta provincia, 70 pesos de oro común, resto de una mula parda gateada del hierro del margen, que del susodicho recibió comprada en 100 pesos de oro común, de los cuales le ha pagado 30 pesos de oro común.\n
Juan Fernández, vecino de Tlalixcoyan, vende a Francisco López, estante en este pueblo, 10 mulas de diferentes hierros y colores, por precio cada una de 55 pesos de oro común, que suman y montan 550 pesos.\n
Diego de Lucas, vecino de la ciudad de los Ángeles, estante al presente en este pueblo de Orizaba, se obliga a llevar 21 mulas de su recua al pueblo de Tlalixcoyan para cargarlas de cacao, y entregarlas en la ciudad de Tlaxcala a Juan Mejía de la Torre, vecino de dicha ciudad, y consignadas de Francisco Mejía Saavedra, vecino de la ciudad de México, quien fletó las mulas, por precio de siete pesos de oro común cada una.\n\n