Miguel de Aviñón, dueño del ingenio nombrado San Miguel de Almolonga, en esta jurisdicción, dijo que Diego de Otrazu, vecino de la ciudad de Los Reyes, en los reinos del Perú, cobró de Luis Díaz de Lucena, vecino de Cartagena, por Baltazar Vázquez de Herrera, de la ciudad de Toledo, en los reinos de Castilla, 7 645 pesos ensayados.
DECLARACIONES
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El Lic. Don Alvaro de Sámano y Quiñones, clérigo, presbítero, vecino de la ciudad de México, residente en el ingenio de San Miguel de Almolonga que quedó por fin y muerte de sus padres Don Carlos de Sámano y Quiñones y Doña Luisa de Valdéz [y Arellano], declaró que desde 1625 ha sido administrador y capellán del citado ingenio, con cuyo trabajo se ha conservado e ido en aumento, así en esclavos como en pertrechos; pero debido a su precaria salud, decidió separarse de su administración y donó a su hermano Don Juan de Sámano y Quiñones la parte de la herencia que tiene en el ingenio de San Miguel Almolonga, y de los demás derechos como administrador y capellán, con cargo y obligación de su hermano Don Juan, que durante los días de su vida le ha de dar 1 200 pesos de oro común en cada un año, para su congrua y sustento; unas casas de morada en la ciudad de México, a espaldas de la iglesia catedral; tres o cuatro esclavos negros, varones y hembras, del dicho ingenio; asimismo, los 200 pesos de oro común que se impusieron en el citado ingenio a su favor desde que se ordenó sacerdote, los subrogó en las casas de morada que le ha de dar su hermano Juan de Sámano en la ciudad de México, el cual aceptó esta escritura y se obligó a cumplir lo en ella estipulado.