Testimonios de las personas que presenciaron el pleito entre Francisco Estévez y Diego de León, maestro de sastre, quienes riñeron en la calle con sus espadas por unos cortes de sarga que Estévez no quiso darle a Diego de León, para mostrárselos al Licenciado Juan Antonio de la Veguellina y Sandoval, saliendo herido el dicho Diego de León, habiendo sido necesario amputarle el dedo índice de la mano derecha. Se citan las declaraciones de Pedro Rodríguez Romano, español de treinta años, vecino de esta villa; Andrés Estévez, español de sesenta años; Astasio de Benavides, español de treinta años; Lorenzo de Guzmán, español de noventa y cinco años de edad; Diego de León; Francisco de Rivera, maestro de cirujano, de treinta y seis años.
DECLARACIONES
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Ante el Capitán de la Artillería don Jerónimo de Acosta, Alcalde Mayor de esta villa de Córdoba por Su Majestad y Teniente de Capitán General en ella, compareció el Teniente General don Diego García de Herrera, vecino de la jurisdicción de Ario, en la provincia de Mechoacan [Michoacán], minero descubridor que era en el nuevo real nombrado Ynguaran [Inguarán], en dicha jurisdicción, y minero en el real nombrado villa de Cadereita [Cadereyta], jurisdicción de Talpujagua [Tlalpujahua], y residente en esta jurisdicción; y presentó un escrito en el que, como minero descubridor que es del nuevo Real del Monte, manifiesta una mina en tierra virgen, yerma y despoblada, en el camino que va del pueblo nombrado San Francisco Songolia [Zongolica] al pueblo nombrado San Andrés, por de oro, plata cobre u otros metales que Dios Nuestro Señor fuere servido darle; y dicha veta corre de norte a sur y le pone por nombre el Glorioso Patriarca Señor San José y las Benditas Ánimas del Purgatorio. Y tiene por señas dicha veta a la bajada de una loma grande en el camino que va de dicho pueblo de Songolica [Zongolica] al de San Andrés, como 2 leguas de dicho pueblo de Songolica [Zongolica], y desde la veta se ve la iglesia del pueblo nombrado San Juan, que a la parte de abajo hace un plan en el paraje del rancho viejo que llaman de los Pastores. En la misma carta, dona 8 varas al Señor Alférez Mayor don Miguel García Valero Grajeda, Regidor Perpetuo de esta villa, para que las pueble según usanza de minería y disponga de ellas como cosa suya propia, con tal de que las haya de poblar y ayudar a labrar en todo lo necesario para su favor y cultivo. Asimismo, por auto solicita a dicho alcalde mayor le conceda licencia para dicha mina y se le dé registro.
JUAN MORERA DE SILVA, ESCRIBANO REAL, PÚBLICO Y DE CABILDOJuana Antonia Jiménez, de esta vecindad, viuda de Pedro Rafael del Moral, dijo que a finales de julio de 1812, en unión del citado difunto marido, vendió extrajudicialmente a don Gabriel Sanjurjo, ya difunto, vecino que fue de esta villa, un pedazo de terreno eriazo, ubicado en la calle de San Francisco de Paula, con 11 varas de frente hacia el sur y del otro lado cuartel nombrado del Vecindario; y 38 y media de fondo hacia el norte, por donde linda con casita de don Juan Antonio de Bárcena; por el costado del poniente, linda con el de casa del difunto don José Antonio Tavera; y por el del oriente con el de casa también de Sanjurjo. Y por cuanto, don Gabriel Sanjurjo fabricó en dicho terreno una casita de mampostería, deseando su viuda e hijos hacerse de un justificante que acredite dicha adquisición, la otorgante ha convenido en proporcionar la presente declaración, por la que asegura haber vendido a Sanjurjo dicho terreno en la cantidad de 120 pesos.
JUAN FRANCISCO CARDEÑA, ESCRIBANO PÚBLICO INTERINOAna de Alfaro, vecina de Jalapa, mujer legítima de Sebastián de la Peña, que al presente tiene hecho su testamento, por vía de codicilio declaró que Juan Martín de Avila, su primer marido, al tiempo de su fallecimiento dejó 500 pesos de oro común para con ellos hacer un monumento en la iglesia del Convento de San Francisco de este pueblo, y en cumplimiento de su voluntad entregó 420 pesos a Alonso del Moral, vecino de Jalapa, a efecto de fabricar dicho monumento; sin embargo, éste no se ha hecho. Y para completar los 500 pesos le ha dado 80 pesos, a Juan López del Pino, persona que tiene el poder del síndico del convento, a fin de que procure terminar el monumento, y se ponga todo esfuerzo en dicho propósito.
Ana Gómez, vecina de Naolingo, por vía de codicilio declaró que por cuanto en su testamento señaló tener como bienes suyos 1 060 pesos de oro común en poder de su marido Sebastián de Acosta, dijo que en dicha cantidad entran los pesos de oro que Pedro de la Mota y Don José de Ceballos le deben.
El Capitán Don Fernando Ruiz de Córdoba y Arellano, estante en este pueblo, declaró que el ingenio de San Sebastián Maxtlatlán, que junto con Miguel de Troya compraron a Juan López Ruiz, en realidad pertenece a Miguel de Troya en su totalidad, pues él ha sido su administrador, ha pagado deudas y trabajado hasta ponerle corriente y todo el derecho que pudiera tener se lo traspasa, porque dicho ingenio lo compró para el susodicho
Codicilio de Francisco de Orduña Guzmán, vecino de Jalapa, por el cual declaró que siendo administrador del Ingenio de Pacho, Antonio de Dueñas, mercader, vecino de la nueva Veracruz, le dio en hierro para el dicho ingenio 125 pesos, mismos que no se le han pagado hasta el día de hoy; asimismo, dijo que Juan de Aguilera, maestro calderero, vecino de esta jurisdicción, le es deudor de 140 libras de cobre viejo, a dos reales y medio, y a tres reales la libra, que ha sido su precio corriente.
Juan Salvador Barba, vecino del pueblo de Huamantla, jurisdicción de Tlaxcala, dijo haber comprado al Alférez Nicolás Sánchez de Medina, vecino de la Villa de Córdoba, un negro nombrado Manuel, de nación Angola, de 22 años de edad, en el precio de 400 pesos, según consta por una escritura que pasó ante Juan López Gallegos, escribano de Su Majestad, en las tierras de labor de los herederos de Juan Montiel, jurisdicción de la ciudad de Los Ángeles, el 5 de diciembre de 1676; sin embargo de lo cual, declara que dicho negro en realidad lo compró para el Capitán Don Francisco de la Higuera Matamoros, dueño del ingenio nombrado La Santísima Trinidad, pues lo pago con su dinero, por esta razón renunció y traspasó la propiedad del esclavo en el susodicho.
Juan Diego, indio natural de Jalapa, por lengua de Juan Díaz de la Cueva, intérprete de esta provincia, por hallarse viejo y de mucha edad, declaró a su hija de su primer matrimonio nombrada María Francisca, como heredera única y a quien le pertenece un solar con su casa, ubicados en la calle que va para la ermita de Santiago, a mano derecha, donde hoy viven Juan Miguel y su mujer, indios de este pueblo.
Ante el Alcalde Mayor de Jalapa, Juan Arias, cirujano de este ingenio juró en forma de derecho de decir la verdad, y siéndole mostrado el testamento cerrado y sellado, dijo que vio morir el domingo en la noche a Don Andrés Pérez de la Higuera, cuyo cuerpo de presente está en el ataúd, y el escrito que le es mostrado es el mismo que otorgó el susodicho el sábado en la noche.