Diego de Orduña, habiendo examinado a los testigos presentados por Juana Díaz, le concedió licencia para que pueda formar una compañía con Juan Quiroz, sobre las sementeras de caña y el trapiche de Nexapa.
CAÑAVERALES
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Juan García Calleja, vecino de Jalapa, y Lorenzo de Herrera, vecino de esta provincia, formaron una compañía para labrar unas tierras del primero, ubicadas en términos de Jalapa, entre los cerros de Chichihualtepec y Ocelotepec, para sembrarlas de caña y otras semillas, por tiempo de seis años.
Sebastián Méndez, vecino de la provincia de Jalapa, vende a Diego González, vecino de este pueblo, tres suertes de caña de azúcar que se hallan en las tierras de Juan de Quiroz, por el precio de 1000 pesos de oro común.
Juan de Quirós, vecino de esta provincia, se obliga a dar y pagar a Diego González, vecino de Jalapa, 650 pesos de oro común; que restan de todas las cuentas y ventas de cañaverales que el susodicho le hizo, para fines de agosto de 1602.
Juan de Quiroz como administrador de la compañía que tiene celebrada con Juana Díaz, sobre un trapiche de azúcar en la estancia de Nexapa, vende a Francisco Hernández de la Higuera toda la planta de caña que sembró en tierra del Ingenio de la Santísima Trinidad, por el precio y en trueque de 460 panes de azúcar.
Juana Díaz, como tutora y curadora de sus hijos Bartolomé Pérez, Francisca y Francisco, forma una compañía con Juan de Quiroz y su mujer, Francisca de Yépez, sobre las tierras, cañaverales, esclavos negros, y un trapiche de moler azúcar nombrado Nexapa, una legua del pueblo de Jalapa.
Manuel Rodríguez [de Maya] y su mujer, Luisa Ordóñez, vecinos de la provincia de Jalapa, venden a Juan de Quiroz, vecino de la provincia de Jalapa, una caballería de tierra con los cañaverales, y lo en ella edificado, situada entre Jalapa y Coatepec, al precio de 3 500 pesos de oro común.
El Contador Alonso de Villanueva, vecino de la provincia de Jalapa, hace gracia y donación a Juan de Quiroz de un día de agua extraída de su acequia cada semana, para que pueda regar sus cañaverales.
Juan Cid, juez de ingenios en la provincia de Jalapa, se obligó a sacar una licencia del Marqués de Guadalcazar, Virrey de Nueva España, para que Francisco Pérez Romero pueda sembrar caña de azúcar y beneficiaria en su ingenio, sirviéndose de los indios laboríos voluntarios, según se acostumbra en las haciendas con la obligación de pagar al referido juez, doscientos pesos de oro común.