El Bachiller Tomás de Malpica, Presbítero Domiciliario del Obispado de la Puebla, otorga que ha recibido del Licenciado Miguel Benítez de Hinojosa, cura propio de San Salvador el Seco de la jurisdicción de Tepeaca, 7, 825 pesos de oro común, inclusos en ellos 2, 000 pesos de principal a censo que reconoció a favor de la obra pía fundada en la parroquia de Atzalan de esta jurisdicción, mismos que le importó la venta de la hacienda de labor, trapiche y molino nombrados San José y Nuestra Señora de Belén, sitos en la Sierra de Agua, en términos del pueblo de Perote, cuya cantidad se da por entregado a su voluntad.
ATZALAN, DOCTRINA DE
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Miguel de Villa y Sabina de la Rosa, marido y mujer, vecinos de la doctrina de Atzalan, estando sanos del cuerpo y en su entera voluntad, otorgan su testamento haciendo las mandas forzosas y acostumbradas. Declaran que las deudas activas y pasivas constan en sus libros de cuentas. Tienen entre sus bienes la casa en la que viven, ganado mular, caballar y vacuno. Declaran son casados y al tiempo de contraer matrimonio él tenía 4 mulas aparejadas y ella no tenía caudal alguno. Tuvieron 4 hijos que casaron y dieron diferentes dotes. Se nombran albaceas mutuamente así también nombran como tal a su hijo Juan y a Juan Gorrón, su yerno, y como herederos nombran a sus hijos.
El Bachiller Francisco de Arteaga y Cuéllar, Cura, Vicario y Juez Eclesiástico de la Doctrina de Atzalan, jurisdicción de Jalacingo, vende a Inés del Castillo Guzmán, mujer legítima de Andrés Marín, un esclavo nombrado Miguel, mulato de color cocho de 33 años poco más o menos, que heredó de Francisco de Arteaga y de doña Juana Muñoz, sus padres, cuyo esclavo se encuentra libre de empeño, hipoteca y enajenación, en 250 pesos de oro común.
El Bachiller Francisco de Arteaga Cuéllar, Cura de la Doctrina de San Andrés Atzalan, jurisdicción de Jalacingo, vende a doña Inés del Castillo Guzmán, mujer legítima de Andrés Marín, vecino de ese pueblo, una esclava nombrada Micaela mulata de 28 años más o menos y un hijo suyo nombrado Pedro, de 4 años, los cuales compró de don Francisco de Arteaga y doña Juana Muñoz, sus padres. Cuyos esclavos están libres de empeño, hipoteca y enajenación, en 250 pesos de oro común la madre y en 50 su hijo.