Pedro Martín, ventero de la Venta de la Hoya, se obliga de pagar a Francisco de Carriedo, Juez del Camino Real, 195 pesos y cuatro tomines de oro común, los cuales son por otros tantos que recibió en reales de contado.
JUECES DE CAMINOS
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Luis Enríquez, vecino de los reinos de Castilla, maestre del navío Nuestra Señora de Loreto, vende a Francisco de Carriedo, Juez de Caminos, un esclavo negro de nación Angola llamado Pedro, bozal, al precio de 530 pesos de oro común.
Hipólito Hernández, vecino de Jalapa, se obliga de pagar a Francisco de Carriedo, juez de caminos, 565 pesos de oro común por la compra de una milpa quebrada en el pueblo de Xicochimalco.
Francisco de Carriedo, Juez de Caminos, vecino de Jalapa, se obliga de pagar a Esteban Fernández Miquinez, 750 pesos de oro común, precio de dos esclavas negras, bozales, de nación Angola, que le vendió en este pueblo.
Sebastián de Isla, estante en este pueblo, dio su poder cumplido a don Andrés de Bustillo, Juez de Caminos, para que lo represente en todos sus pleitos, causas civiles y criminales y para que pueda cobrar en su nombre cualesquiera de sus bienes muebles y raíces que le fueren debidos.
Diego Daza, juez del camino real de México a Veracruz y residente de Jalapa, dio carta poder al Contador Fernández de Corral y a Juan de Aguirre, para que en su nombre procuren ante Su Majestad y su Real Consejo, cierto oficio en la Nueva España.
Arias de Villaverde, vecino de Tecoaca, se obliga de pagar a Gaspar Dávalos y Toledo, juez del camino real, 60 pesos de oro común por el ser el valor de un caballo castaño.
Diego García Ronquillo, carretero, vecino de México, se obliga de pagar a Domingo de Azpeitia, juez del camino real, 60 pesos de oro común que recibió prestados.
Pedro Díaz, carretero, se obliga de pagar a Domingo de Azpeitia, juez del camino real, 38 pesos de oro común por un caballo que recibió.
Gaspar Dávalos y Toledo, juez del camino real, declara que los dos sitios de estancia para ganado menor por él gestionados ante el Virrey, ubicados entre los pueblos de Xilotepec y Chiltoyac y en términos de Maxtlatlan, pertenecen a Pablo Gutiérrez, vecino de Tecamachalco.