Alonso de Tapia, residente en la provincia de Guasacualco [Coatzacoalcos], se obliga de pagar a Gordian Casasano, 306 pesos de oro común para el fin del mes de noviembre de este año, que Pedro Álvarez le debe de cierto cacao que le benefició.
Benito García,ventero de la Venta de la Hoya, se obliga de pagar cualquier daño que le viniere a Pedro Alvarez, depositario de los bienes de Juan Bernal, su cuñado, a quien la justicia del pueblo de Tepeaca le embargó sus bienes.
Juan Bello Toscano, vecino de Altotonga, y María Alvarez, su legítima mujer, venden a Jacinto Marín, vecino del desierto de Perote, un sitio de ganado menor y una caballería de tierra, ubicados en el desierto de Perote; donde llaman El Rincón de Vergara, el cual linda por el norte, con el Monte[Paraje] de Anenecuilco; al sur, con tierras de Pedro Alvarez; al Oriente, con tierras del Capitán Antonio Beltrán; y por el Poniente, con tierras que fueron de Francisco Méndez, difunto, en el precio de 100 pesos de oro común.
Bartolomé de Oliver, vecino de Jalapa, como albacea de Pedro Alvarez, hizo un inventario de los bienes que quedaron en esta jurisdicción, propiedad del referido difunto.
Bartolomé de Oliver, vecino de Jalapa, ante Don Juan Fuica Lezama, Alcalde Mayor de Jalapa, presentó una menoría de Pedro Álvarez, y pidió se le declarase por testamento y escritura pública.
Don Juan de Fuica Lezama, Alcalde Mayor de Jalapa, recibió juramento de Alonso González de Astudillo, español, vecino de Jalapa, y dijo haber conocido a Pedro Álvarez, que ya es difunto, y se halló presente como testigo instrumental cuando hizo su testamento.
El Capitán Don Juan de Fuica Lezama, Alcalde Mayor de Jalapa, habiendo visto la información dada por Bartolomé de Oliver, albacea de Pedro Álvarez, declaró por testamento y escritura pública, la memoria que otorgó el susodicho, y se mandó se guarde y cumpla como última voluntad del difunto.
El Sargento Juan de Chávez, vecino de esta villa de Córdoba, como mayordomo de la cofradía del Santísimo Sacramento fundada en la parroquia de esta villa, vende en nombre de dicha cofradía a Pedro [de] Álvarez, vecino de esta villa, un solar con un jacal y un pedazo de tierra que está a linde de dicho solar, hecho huerta y cercado de madera, sembrado de piña y plátanos, cuyo solar y huerta pertenecen a la cofradía por haberlos dejado en cláusula testamentaria Bartolomé Pérez, hermano y vecino de dicha cofradía y villa. El solar linda por una parte con solares de María de Alcalá y de la viuda de Juan Pa[roto] y por la otra con el arroyo que pasa junto al convento de Nuestra Señora de las Mercedes y corre hacia dicha huerta. Lo vende en precio de 75 [pesos de oro] común.
Sans titreFrancisco Díaz, vecino de esta villa de Córdoba, hace gracia y donación a Ana Álvarez, su sobrina, hija legítima de Pedro Álvarez, difunto, y de Angelina de las Nieves, su mujer, de una cama de madera y un solar que en esta villa tiene y casa de 50 varas en cuadro, y linda por el poniente con otro solar en que tiene sus casas de vivienda el otorgante; cuya donación hace a su sobrina por ser pobre, estar para casarse y no tener bienes algunos.
Sans titreBlas Domínguez, vecino de esta villa de Córdoba, hijo legítimo de Juan Domínguez Nieto y Catalina Hernández difuntos, vecinos que fueron del valle de Huamantla, provincia de Tlaxcala, otorga su testamento en la manera siguiente: Declara estar casado con Isabel de los Reyes, durante el matrimonio procrearon a Antonia Domínguez mujer de Joseph [José] de [Villegas]; Juan que será de edad de veintidós años; Catalina Domínguez mujer de Pedro Álvarez; Diego de edad de veinte años, Gerónima [Jerónima] de dieciséis años, Gertrudis de catorce; Agustín de once [roto] Francisca de seis y Josefa de dos años. Señala que debe y le adeudan las personas que se mencionan en la escritura. Declara por sus bienes dos jacales que están fundados en el solar de las Casas Reales de esta villa; otro solar junto a la lagunilla de esta villa; un caballo; una silla jineta; una espada; setecientos manojos de tabaco zacate y ochenta y ocho de fino. Nombra albacea testamentaria a su mujer Isabel de los Reyes para que entre en sus bienes, los venda y remate; y del remanente que quedare de ellos, nombra por sus universales herederos a sus hijos.
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