Francisco Luis, vecino de Jalapa, dio su poder cumplido a Pedro Rodríguez, vecino y encomendero de la nueva ciudad de Veracruz, para que en su nombre y a su dita y crédito, compre la cantidad de oro o plata labrada o por labrar, pipas de vino, cacao, mercaderías de la tierra y de Castilla, u otro cualquier género de géneros; y una vez vendidos de contado, queden horros de todas costas y daños, 1 000 pesos de oro común, con los cuales se haga pago por otros tantos que le debía a Juan González, difunto, de quien es albacea.
Don Andrés Pérez de la Higuera y don Francisco Hernández de la Higuera, en su calidad de albaceas de don Juan Díaz Matamoros y en cumplimiento a una cláusula de su testamento, agregaron 262 pesos de principal y 13 pesos y un tomín de renta en cada año, a una capellanía de misas dotada con 2 000 pesos de principal y 100 pesos anuales de renta que impuso sobre las haciendas de labor de Pedro Rodríguez, vecino de la jurisdicción de Tlalmanalco, por razón de una escritura de censo que el susodicho libró en favor del difunto Juan Díaz Matamoros. El instituidor nombró capellán a su sobrino, el bachiller Juan de Quirós, quien aceptó administrar la capellanía y gozar de su renta, obligándose a decir las misas por las almas de sus tíos Juan Díaz Matamoros y Magdalena Díaz, su mujer.
Pedro Rodríguez, de color pardo, vecino de Jalapa, dio en arrendamiento al Bachiller Antonio Vázquez, clérigo de menores órdenes, una casa de morada en este pueblo, de paja, por tiempo de un año, al precio de 12 pesos de oro común.
El Bachiller Juan de Quiróz, clérigo, residente en esta provincia, dio su poder cumplido a Juan Bautista de Robles, presbítero, vecino de la ciudad de Los Ángeles, que está presente, generalmente para en todos sus pleitos, causas civiles y criminales, y para que pueda recibir y cobrar de cualesquier maravedís, pesos de oro, plata, joyas, esclavos, mercaderías, derechos y acciones y otros bienes que le debieren; especialmente, para que en su nombre cobre de Pedro Rodríguez y de Francisca de la Rocha, su legítima mujer, vecinos de Tlalmanalco, lo que le debieren de una capellanía que sobre sus haciendas dejó impuesta su tío el Capitán Juan Díaz Matamoros.
Juan de Porras Farfán, escribano público de la ciudad de México, dio fe de unos autos celebrados ante el corregidor de la capital, por Pedro Rodríguez contra Domingo Buzo, sobre un adeudo de 93 pesos de oro común.
Carta de obligación de la señora Arriaga, viuda de Pedro Rodríguez, vecino de la provincia de Jalapa, en la que se obliga a pagar 90 pesos de oro común a Pedro de Irala, vecino de la ciudad de la Puebla de los Ángeles.