El Alférez Sebastián de Flores Moreno, vecino y mercader en el pueblo de Jalapa, dijo que hace como 3 años vendió a Melchor García, difunto dueño de recua del Desierto de Perote, un negro esclavo de 24 años más o menos nombrado Manuel Antonio, que compró en la almoneda judicial de los bienes que quedaron por muerte de Juan de Thormes, en 350 pesos de oro común, por el cual no tiene escritura y la solicita para poder venderlo, por tanto otorga duplicado de la escritura de venta, y se da por entregado a su satisfacción.
PEROTE, DESIERTO DE
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El Capitán Juan de Malpica, dueño de recua y de hacienda de labor, dijo que Juan de Thormes, difunto, por cláusula de testamento que otorgó, dispuso se impongan 1, 000 pesos de oro común de censo principal sobre fincas seguras, para que con los 50 pesos que le corresponden de rédito anual se entreguen al Mayordomo de la Cofradía del Santísimo Sacramento para que compre el aceite para la lámpara, cuya cantidad recibió a censo sobre sus casas el Capitán Bartolomé de Castro y redimió cumpliendo con el tenor de dicha cláusula. Por tanto vende a la Cofradía del Santísimo Sacramento, 50 pesos de oro común de censo, tributo y rédito en cada año de los que corrieren desde este día hasta la redención de su principal que manda situar y fundar Juan de Thormes a favor de la Cofradía sobre una hacienda de labor que tiene en el Desierto de Perote, la cual sólo tiene 3, 000 pesos de gravamen a cuyo título esta ordenado Tomás de Malpica
El Alférez Felipe de Acosta, vecino del pueblo de Naolinco, albacea de Manuel de Acosta, su hermano difunto, dijo que dejó concertado, ajustado y vendido a Melchor García, difunto vecino que fue del Desierto de Perote, un sitio en términos del pueblo de Tlacolulan, en 500 pesos a cuya cuenta recibió y se obligó a otorgarle escritura y hasta entonces pagarle los 100 pesos restantes que ahora se da por recibido de Juana de la Cruz, viuda de Melchor, en cuya virtud otorga la escritura de venta de ese sitio y de molino de Río Frío, que su hermano compró en pública almoneda en la Ciudad de México por remate público que se celebró de mandato de los señores inquisidores del Santo Oficio.
Don Juan de Olivares, alguacil Mayor de la provincia de Jalacingo, vecino del desierto de Perote, dio en arrendamiento a Pedro de Angulo Moguer, vecino y labrador en la provincia de Tlaxcala, un rancho de labor que heredó de sus padres nombrado Pinaguizapa, por tiempo de 6 años, a partir de hoy día de la fecha, en el precio de 100 pesos de oro común anuales.
Don Juan de Olivares, Alguacil Mayor de la provincia de Jalacingo, vende a Juan de Malpica, vecino del desierto de Perote, un pedazo de tierra que tenía vendido a Juan Tinoco, su cuñado, ubicado entre la barranca de piedras y hacienda de Los Ricos; linda por el Oriente, con tierras del otorgante; al norte, con tierras del Hospital de Perote; al Poniente, corre sesgado mirando al Teyesca, por el precio de 150 pesos de oro común.
Don Gregorio Suárez Tello, dueño de la hacienda de labor nombrada Tenextepec y del sitio de ganado mayor llamado Nacaspatlahua, que hubo y compró a la Obra Pía de Casar Doncellas Pobres que mandó instituir Don Antonio de Guevara Unzueta, y como tal propietario, vende la dicha hacienda y sitio de Nacaspatlahua a José Méndez, vecino del desierto de Perote, en el precio de 2550 pesos de oro común, los 2000 pesos a censo redimible en favor de la obra mencionada y los 550 pesos en reales de contado.
Juana Margarita de Oliver, viuda del Alférez Luis López, vecina de Jalapa, otorga en arrendamiento al Capitán Juan de Malpica, vecino y labrador del Desierto de Perote, un descargadero con un cuarto de vivienda contiguo, por tiempo de 8 años en 25 pesos cada uno. La condición de este arrendamiento es que si María Josefa, su hija, se casara, se ha de arreglar con el arrendador para las condiciones.
Juan Bello Toscano, vecino de Altotonga, y María Alvarez, su legítima mujer, venden a Jacinto Marín, vecino del desierto de Perote, un sitio de ganado menor y una caballería de tierra, ubicados en el desierto de Perote; donde llaman El Rincón de Vergara, el cual linda por el norte, con el Monte[Paraje] de Anenecuilco; al sur, con tierras de Pedro Alvarez; al Oriente, con tierras del Capitán Antonio Beltrán; y por el Poniente, con tierras que fueron de Francisco Méndez, difunto, en el precio de 100 pesos de oro común.
El Capitán Antonio Beltrán, vecino y labrador en el desierto de Perote, provincia de Jalacingo, otorga poder al Bachiller Laureano de Céspedes, Presbítero y a Fernando de Gálvez, Procurador de la Real Audiencia, ambos vecinos de la Ciudad de México, para que en su representación puedan seguir y concluir el pleito que tiene contra don Pablo de Rojas Porres y Villalón, de la misma vecindad.
El Capitán Antonio Beltrán, vecino y labrador en el Desierto de Perote, jurisdicción de Jalacingo, otorga poder general a su hijo Antonio Beltrán, para que lo represente en todos los pleitos, negocios civiles, criminales y eclesiásticos.