Esteban Sánchez, carretero, vecino de México, se obliga de pagar a Juan Díaz Matamoros 100 pesos de oro común, que son el precio de diez bueyes y novillos.
MÉXICO, CIUDAD DE
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Hernán Gómez, carretero, vecino de México, se obliga de pagar a Juan Díaz Matamoros 225 pesos y seis tomines de oro común, los cuales son el precio de 21 bueyes.
Francisco Troche, boyero, vecino de México, se obliga de pagar a Antonio de Cervantes, vecino de la Puebla los Ángeles, 80 pesos de oro común por otros tantos que recibió prestados.
Juan Gutiérrez Rojo, carretero, vecino de México, haciendo deuda ajena suya propia, se obliga de pagar a Juan Díaz Matamoros, vecino de Jalapa, 420 pesos de oro común.
Melchor Juárez, vecino de la Venta de la Hoya, vende a Juan Bautista de Rojas, vecino de San Juan Iztacamaxtitlán, una venta que tiene entre los dos caminos que están en términos de Tlaxcala, de los cuales uno se dirige a México y otro a Puebla de los Ángeles, al precio de 2 000 pesos de oro común.
Alonso de Villanueva y su mujer, María de Zavala, reciben del Canónigo Francisco de Paz, la cantidad de 2 000 pesos para el avío de su hacienda, con la obligación de redimir, dentro de un año, los citados dos mil pesos que están impuestos sobre unas casas del canónigo en la ciudad de México.
Jácome Vela, carretero, vecino de la ciudad de México, se obliga de conducir 5 pipas de vino a la capital del reino, y entregarlas a Baltazar Rodríguez o a quien su poder hubiere.
Melchor Márquez, clérigo y vicario del Ingenio de La Santísima Trinidad, dio carta poder a Cristóbal de Viruega, vecino de la Puebla de los Ángeles, y a Juan de Pastrana, vecino de México, para que en su nombre parezcan y soliciten ante las justicias reales o jueces eclesiásticos, le sean pagados los tributos de la capellanía que instituyó Antonio Pérez, vecino de Los Angeles.
Alonso García de la Parra, carretero, vecino de México, y Juan Álvarez, hicieron cuentas del tiempo que sirvió el segundo al primero en sus carros, y de los dineros recibidos por Juan Alvarez, habiendo quedado satisfechos con el resultado de las mismas.
Francisco de Carriedo, Juez del Camino Real, se obliga de pagar a Francisco Báez Enríquez, vecino de México, 420 pesos de oro común, precio de un esclavo negro llamado Gonzalo, de nación Angola.