Ana Hernández, doncella e hija legítima de José Hernández, difunto, como su heredera universal, vende a Miguel Pérez Chamorro, vecino de esta jurisdicción, un solar que heredó, y que mide 20 varas de frente y 21 de fondo, el cual linda por el norte con el Callejón de Temazcalapa y solar de don José de Velasco, por el sur con solar de Agustina de Castro, por el oriente con solar de Antonio Vanegas y por el poniente con solar de Ignacio de Zárate, lo vende en la cantidad de 40 pesos.
Marta García, viuda de Martín Reyes, vecina de este pueblo de Jalapa, como albacea de su difunto marido, vende a Josefa Rafaela Rodríguez, doncella e hija de Lucrecia María Báez, un pedazo de solar de 34 varas de frente y 50 de fondo, el cual linda por el fondo con la calle que va a La Alameda y Laguna, por el frente con tierras de la cofradía de la Limpia Concepción, y por los costados con casas de Diego de los Reyes y casas que fueron de Miguel de los Reyes; lo vende en el precio de 12 reales por cada vara del frente.
Lucas de Orlachea, maestro herrador, vecino de este pueblo de Jalapa, hijo legítimo de José Orlachea, difunto, y de Inés Catarina Martín, vecina de este pueblo, otorga poder para testar a María Antonia Navarrete, su mujer, en compañía de don José Antonio Rincón, así como albaceas testamentarios y como herederos universales designa a Antonia de 26 años, casada con Javier Venegas, Francisco de 24 años, José de 22 años Miguel de 20 años e Ignacio de 16 años, sus hijos legítimos.
Don José Antonio de Acosta, vecino de este pueblo, se obliga a pagar a don Juan de Quiñones, Alguacil mayor de esta jurisdicción y síndico del convento del padre San Francisco, la cantidad de 1, 000 pesos, en el periodo de 2 años.
Don Laureano Fernández de Ulloa, mercader y vecino de este pueblo, con poder especial de don Pedro de Herrera, para rentar una casa; haciendo uso de dicho poder, otorga en arrendamiento a don Manuel Rodríguez, la citada casa, construida de cal y canto, cubierta de tejas; linda al poniente con casas que fueron del Capitán Castro, por el sur con casas de Teodora Josefa Mojica y por el oriente con casas de don José de la Calle, la renta por el periodo de 3 años, en el precio de 220 pesos por cada año.
Simón Navarrete, alias Blanco, hijo legítimo de Francisco Navarrete e Isabel Martínez, vecino de este pueblo de Jalapa, otorga poder para testar a Manuela [Antonia] Ochoa, su mujer legítima, en compañía de don Francisco González, vecino de este pueblo, de oficio mercader, así como albaceas testamentarios y como herederos universales a Antonio de 11 años, María de 6 años, Andrés de 3 años y Vicente de 2 años, sus hijos legítimos.
Manuel Perea, maestro de zapatero, español y vecino de este pueblo, vende a Juan Antonio de Aranda, vecino de este pueblo, un pedazo de casa de pilares de cal y canto, cercada de palos y cubierta de tejas, la cual mide 8 varas de frente, linda por el sur con la calle Nueva y solar de los padres de la compañía de Jesús, por el poniente con la otra parte de la casa que vende y solar de María de Acosta, por el oriente con solar de José de Vargas y por el norte con el caño de agua llamado Xallitic; lo vende en la cantidad de 102 pesos.
Don Antonio de Escagedo, otorga poder especial a don Carlos José de Montes, vecino de este pueblo de Jalapa, para que en su nombre cobre a don Francisco de Ochoa, vecino de este pueblo, la cantidad de 313 pesos mexicanos, Aldonsa de Vargas, la cantidad de 106 pesos, y a don Diego de Castro, la cantidad de 216 pesos y 5 reales, que se obligó a pagar a don José Antonio de Acosta, ya sea por la vía judicial o extrajudicial.
Don Manuel de Boza, vecino de este pueblo de Jalapa, albacea y tenedor de bienes de don Gregorio Fernández Mantilla, así como tutor de sus hijos menores, otorga poder general a don José de la Calle, para que cobre, demande y pida a todas las personas que le deban al difunto, todas las cantidades de pesos, así como en todos los pleitos, que se presenten, los siga y concluya, defendiendo y demandando, para lo cual comparezca ante los jueces y justicias de ambos fueros.
Don Carlos José de Montes, vecino de este pueblo de Jalapa, como albacea y heredero de don José de Molina, se obliga junto con doña Ana Antonia Camino, como su fiador, a pagar la cantidad de 2, 655 pesos y 1 real, mismos que debía el difunto a doña María Bárbara, para lo cual hipoteca unas casas que recibió como herencia.