Nicolás de Pro, dueño de su recua, vecino de la ciudad de Puebla de los Angeles, vende a Doña María Aldoza de Vargas Matamoros, unas casas de piedra cubiertas de teja, y su solar cercado de pared, ubicadas en la Calle Real que va de la plaza para la ciudad de Veracruz; lindan por una parte, con casas que le dio en dote de su hija Pascuala Gonzáles a Cristóbal de Salcedo, cirujano; y por la otra, con casas que dejó Doña Aldonza de Vargas y hacen frente con casas de Alférez Antonio de Medina; las cuales hubo y heredó de sus padres Francisco de Pro y Leonor de Shagún, difuntos, libres de censo, hipoteca, empeño y otra enajenación, por el precio de 500 pesos de oro común, horros de alcabala.
Magdalena de Tejeda, viuda, vecina de Jalapa, dio a censo y tributo perpetuo a Melchor de los Reyes y a Pascuala González, media caballería de tierra situada en la parte que llaman La Sabanilla, Cruz de Jalapa, en el camino que viene de la Venta de la Banderilla a este pueblo, junto a un arroyo de agua zarca, quedando comprometidos a pagarle cinco pesos de oro común anuales.
Sebastián Díaz de Acosta, vecino del pueblo de Jalapa, dijo que habiendo quedado como albacea de su tío el Licenciado Diego González, Presbítero patrono de la capellanía de misas que instituyeron Diego González y Mariana de Astudillo, padres de Diego González y abuelos maternos de Sebastián de Acosta, a cuyo título su tío ascendió al sacro presbiterato y cuya propiedad la cedió al Bachiller Miguel Pantaleón de Acosta también presbítero, quedando grabados cuantiosos bienes que corresponden los 1000 pesos de su principal a favor de Alonso García de la Torre, sobre las tierras y molino de pan moler, como se expresa en la escritura de fundación, y habiendo fallecido Pascuala González, hija de los instituyentes y última poseedora de las casas en la Calle Real puesta en público pregón y almoneda, se celebró remate como consta en la escritura a la cual se remite. Es así que a pedimento del Síndico del Convento del Señor San Francisco en la presentación del convento, por el que le tocare los 1000 pesos de principal a favor de Alonso García de la Torre, ganaron despacho, en cuya virtud por lo que le toca como poseedor de la casa como patrono, otorga poder especial al Bachiller Miguel Pantaleón Díaz de Acosta, su hijo, para que en su representación parezca ante el Juez General de este Obispado y ante las demás justicias que con derecho deba para que haga los pedimentos, requerimientos del desembargo y secuestro de bienes, asimismo pida el amparo y posesión de los bienes vinculados a la capellanía.
El Lic. Diego González de Astudillo, clérigo, presbítero, residente en este pueblo, como testamentario de Pascuala González, vende al Capitán Don Fernando de la Hoz, vecino de Teziutlán, una mulata nombrada Magdalena, de 14 años de edad, por el precio de 125 pesos de oro común que por ella le dio en el mes de enero de 1677, y hasta ahora, no le había hecho escritura de venta, de los cuales se dio por contento y entregado a su voluntad, sin asegurarla de ningún vicio, enfermedad, ni defecto alguno.
Testamento de Pascuala González, viuda, vecina de Jalapa, hija legítima de Diego González y de Mariana de Astudillo, difuntos, vecinos que fueron de este pueblo de Jalapa.
El Lic. Diego González de Astudillo, cura vicario del ingenio nombrado La Santísima Trinidad, albacea testamentario y tenedor de los bienes de Pascuala González, su hermana, vende a Doña Aldonza Clara de Vargas, viuda, vecina de Jalapa, una esclava mulata nombrada Ana González, de 22 años de edad, que quedó por bienes de la dicha Pascuala González, libre de empeño, hipoteca y otra enajenación, sin asegurarla de ninguna tacha, vicio, defecto ni enfermedad pública ni secreta, en el precio de 400 pesos de oro común, cuyo procedido se ha de enterar a los herederos de la difunta.
Ramón de Osorio, hijo legítimo de los difuntos Nicolás de Osorio y Pascuala González, casado en primeras nupcias con María Díaz Parraga, y en segundas con Rita Apolonia Jiménez, realiza testamento, en el cual nombra como albacea a su citada segunda esposa, en compañía de don Antonio Díaz Parraga, y como herederos nombra a sus nietos, Nicolás de Nava, Manuela Josefa, y Francisco de Nava, hijos legítimos de la difunta Gertrudis, su difunta hija, en compañía de Ramón y Gertrudis, hijos de la difunta María Candelaria, su otra hija legítima.
Ramón de Osorio, hijo legítimo de Nicolás de Osorio y de Pascuala González, difuntos, natural del pueblo de San Felipe de la jurisdicción de Tlaxcala y vecino de esta jurisdicción, otorga poder para testar a su esposa Rita Apolonia Jiménez. Declara fue casado en primeras nupcias con María Díaz Parraga con quien procreó a María Candelaria y a Gertrudis Pascuala casada con Antonio Nava. Nombra como albacea a su mujer Rita Apolonia. Nombra como herederas universales a sus hijas.
Ramón de Osorio, natural de San Felipe de Tlaxcala y vecino del pueblo de Jalapa, hijo legítimo de los difuntos Nicolás de Osorio y Pascuala González, casado en primeras nupcias con la difunta María Díaz Parraga, y en segundas con Rita Apolonia Jiménez, realiza testamento, en el cual otorga a dicha Rita, el 5 % de sus bienes y a sus nietos, hijos naturales de María Candelaria, junto con los de su hija Pascuala de Osorio.
Testamento de Don Cristóbal de Salcedo, en el cual declara que se casó en primeras nupcias con doña [M]aría [ilegible] y Prados, hija legítima de Juan [ilegible] y de Isabel Jiménez, con quien procreó a Cristóbal y a Esteban de Salcedo. Cristóbal es fraile de San Francisco, y Esteban es soltero y cirujano en [roto] de Cádiz y reinos de Castilla. Por segundas nupcias con [ilegible] hija legítima de Melchor de los [ilegible] y de doña Pascuala González. Nombró por sus albaceas a su tío el Licenciado Diego González de Astudillo, cura del ingenio La Santísima Trinidad, y a Gaspar de los Reyes, Tesorero de la Santa Cruzada, hermano de su esposa. Nombra como herederos a su hijo Esteban.