Felipe de Rivera, Juan de Rivera, Pedro de Rivera, Juan de Aguilar, marido de Gertrudis Faustina de Rivera; Santiago Cristóbal, marido de Marcela de Rivera; Antonio Carranza, marido de Josefa de Rivera; y Diego de Oliva, marido de María de Rivera; hijos legítimos y herederos de Eugenio de Rivera y de Juana Domínguez, difuntos, informan que habiendo hecho partición de los bienes de sus difuntos padres, vendieron una casa a don Bartolomé Martínez, Clérigo Presbítero, en 250 pesos los cuales han recibido y por lo cual otorgan recibo a favor del mencionado Clérigo.
José Antonio Rodríguez, vecino del pueblo de Naolinco, hijo legítimo de Juan Rodríguez y Josefa de Rivera, difuntos, otorga poder para testar a Micaela Montero, su legítima esposa, asimismo la nombra albacea testamentaria, en compañía de Julián José, su hijo, y como herederos universales a sus hijos legítimos Antonia de 24 años, Julián José de 20 años, Agustina de 15 años, María Antonia de 12 años, Josefa de 10 años, Cayetana de 8 años y Francisca de 4 años.
Juan Rodríguez, vecino del pueblo de Naolinco, hijo legítimo de Pedro Domínguez, y de Jerónima Hernández, viudo de Josefa de Rivera, realiza testamento, en el cual nombra como albaceas a José Antonio, Juan Montero, su yerno y Julián, su hijo, y como herederos universales a sus hijos José Antonio, Polonia, Julián, María y Juana, junto con sus nietos María, Ana, José Antonio y Francisco.
Julián Rodríguez, natural de Naolinco, hijo legítimo de Juan Rodríguez y Josefa de Rivera, otorga poder para testar a doña María Bernardina de Guevara, su legítima segunda esposa, viuda de don Pedro García Campomanes; se casó en primeras nupcias con Josefa de Acosta, designa como albacea testamentaria a la citada María de Guevara y como heredera universal a María, de 1 año de edad, hija legítima de su segundo matrimonio.
Antonio Main, vecino de este pueblo de Naolinco, hijo legítimo de Juan Main, difunto, y de Catarina Main, viva, natural del pueblo de Cuse de la Señoría de Génova del Obispado de Albenga, junto con su esposa Juana Feliciana Rodríguez, natural y vecina de este pueblo de Naolinco, hija legítima de Juan Rodríguez y de Josefa de Rivera, difuntos, se otorgan poder para testar el uno al otro, así como también se nombran albaceas testamentarios. Como heredero universal nombran a José Mariano de 2 años, hijo legítimo de ambos.
Francisco de la Barrera Gayón, vecino de este pueblo de Jalapa, vende a Agustín García, una casa y solar en este pueblo, que al frente linda con fondo de las casas del Curato, calle en medio, al fondo con solar de María Basurto y Josefa de Rivera, por el costado del norte con callejón que va al camino de Tonayán y San Pablo, al sur con solares de Matías Pérez y Francisca de la Barrera; dicho solar está cercado de piedra vana, libre de empeño, al precio de 130 pesos, que le han pagado de contado.
Juan Rodríguez, viudo de Josefa de Rivera, vecino de este pueblo de Naolinco, otorgó poder para testar, el 25 de junio de 1742; solicita por vía de codicilio, que a su hija Juana Rodríguez, doncella, se le entregue una casa de paredes y tejas, que esté ubicada en este pueblo de Naolinco.
Juan García y Josefa de Rivera, casados y vecinos de este pueblo de Naolinco, se otorgan poder para testar y de albaceas testamentarios, y como heredera nombran a su hija Nicolasa Antonia, doncella de 13 años.
Juan Rodríguez, hijo legítimo de padres difuntos, casado con Josefa de Rivera, otorga poder para testar a sus hijos José Antonio Rodríguez, Manuel Rodríguez y Julián Rodríguez, así como de albaceas testamentarios en compañía de su esposa Josefa deRivera, y como herederos a José Antonio, Manuel, Julián, Apolonia, María y Juana sus legítimos hijos.
Antonio García y José Antonio García de Baldemora, hijos, albaceas y herederos de Antonio García de Baldemora, dijeron que en este pueblo de Jalapa, dicho difunto les dejó una casa y solar, que venden a Francisco de la Barreda Gayón, que al frente linda con el fondo de las casas del Curato de dicho pueblo, calle en medio, al fondo con solar de María Basurto y Josefa de Rivera, al costado del norte con el callejón que va al camino de Tonayan y San Pablo, al sur con solares de Matías Pérez y Francisca de la Barrera, con sus entradas y salidas, libre de empeño, al precio de 100 pesos de oro común, que les pagaron de contado.