Diego de Villarreal, residente al presente en este pueblo, se obligó a pagar a Cristóbal de Lozana Salazar, vecino de Jalapa, 884 pesos y 4 tomines de oro común, precio de 17 bestias mulares de arria con sus aparejos, a 51 pesos cada una, más 17 pesos y 4 tomines de alcabala, en esta manera: la mitad seis meses después de la fecha de esta escritura, y la otra mitad de allí en otros seis meses corridos.
Cristóbal de Lozana Salazar, vecino de Jalapa, se obligó a pagar a Nicolás de Utrera, carpintero vecino de esta provincia, 300 pesos de oro común que restan de 600 pesos, precio de unas casas de morada ubicadas en la nueva ciudad de Veracruz, un año después de la fecha de esta escritura.
Cristóbal de Lozana Salazar, vecino de Jalapa, con poder de Baltazar Vázquez de Herrera dado en San Juan de los Llanos, confesó haber recibido 400 pesos de oro común en reales, de Francisco Pérez Romero, dueño de su ingenio en esta provincia, de los cuales se dio por contento y entregado a su voluntad.
Tomás Rodríguez de Alcázar, vecino de Jalapa, se obligó a pagar a Cristóbal de Lozana Salazar, de la misma vecindad, 600 pesos de oro común, precio de 12 bestias mulares de arria con sus aparejos, en esta manera: la mitad seis meses después de la fecha de esta escritura, y la otra mitad de allí en otros seis meses corridos.
Cristóbal de Lozana Salazar, vecino de Jalapa, dio su poder cumplido a Lucas Cardeña, de la misma vecindad, para que lo represente en todos sus pleitos, causas civiles y criminales y para que pueda cobrar cualesquier maravedís, pesos de oro, joyas, esclavos, mercaderías, bienes raíces y muebles que le debieren.
Miguel de Aviñón, residente en su ingenio de azúcar de esta jurisdicción, dio su poder cumplido a Cristóbal de Lozana Salazar y a Baltazar Vázquez de Herrera, vecinos de Jalapa, ausentes, para que lo representen en todos sus pleitos, causas civiles y criminales y para que puedan cobrar cualesquier maravedís, pesos de oro, joyas, esclavos, mercaderías, bienes raíces y muebles que le debieren.
Francisco Pérez Romero, dueño de su ingenio de azúcar nombrado Nuestra Señora del Socorro, en esta provincia, dio su poder cumplido a Baltazar Vázquez de Herrera, residente en la ciudad de México, y a Cristóbal de Lozana Salazar, vecino de Jalapa, para que representando su persona y a su dita y crédito, compren de cualquier persona la cantidad de oro o plata labrada o por labrar; que les pareciere necesario; y una vez vendido, queden horros de todas costas y daños, hasta 460 pesos de oro común, los cuales tome para sí el dicho Baltazar Vázquez de Herrera a cuenta y pago de 860 pesos de oro común que debía del plazo pasado; más 400 pesos en reales que dio a Cristóbal de Salazar, personero del susodicho, le pagó todo lo corrido.
Cristóbal de Lozana Salazar, vecino de Jalapa, y Vicente Rodríguez Ruiz, vecino de la nueva ciudad de Veracruz, hicieron cuentas hasta hoy día de la fecha y las dieron por finiquitadas, sin deberse el uno al otro ninguna cosa.
Cristóbal de Lozana Salazar, vecino de Jalapa, dio su poder cumplido a Vicente Rodríguez Ruiz, vecino de la nueva ciudad de Veracruz, ausente, generalmente para todos sus pleitos, causas civiles y criminales, y para que pueda recibir y cobrar cualesquiera maravedís, pesos de oro, plata, joyas, esclavos, mercaderías, derechos y acciones de lo que recibiere y cobrare, pueda dar cartas de pago, finiquito y lasto que convengan.
Juan de Zarandona, el mozo, y su esposa María Vázquez, vecinos de Jalapa, se obligaron a pagar a Cristóbal de Lozana Salazar, residente en Jalapa, 390 pesos de oro común, precio de nueve mulas de arria, a 43 pesos cada una, en esta manera: la mitad para dentro de seis meses y la otra mitad de allí en otros seis meses corridos.