Bartolomé Díaz, vecino de esta provincia, se obligó a pagar a Cristóbal de Lozana Salazar, mercader, vecino de Jalapa, 190 pesos de oro común, precio de tres mulas aparejadas y un macho, a 47 pesos y 4 tomines cada uno, en esta manera: la mitad cuatro meses después de la fecha de esta escritura y la otra mitad de allí en otros cuatro meses corridos.
Cristóbal de Lozana Salazar, vecino de Jalapa, vende a Miguel de Aviñón, dueño del ingenio de azúcar de San Miguel, en esta jurisdicción, un negro de nación Angico, de 28 años de edad, llamado Gonzalo, que hubo y compró del Hospital de Nuestra Señora de Convalecientes de este pueblo, con las tachas que tuviere, y por quebrado, potroso, sin asegurarlo de cosa alguna, por el precio de 300 pesos de oro común.
Martín López de la Plaza y su esposa, Catalina Ruiz, vecinos de Jalapa, se obligaron a pagar a Cristóbal de Lozana Salazar, de la misma vecindad, 430 pesos de oro común por razón de otros tantos que le prestó en reales de contado, un año después, a partir de hoy, todos juntos en una paga.
Cristóbal de Lozana Salazar, mercader, vecino de Jalapa, haciendo de deuda ajena suya propia, se obligó a pagar por Francisco Luis, mulato libre, vecino de Naolinco, 480 pesos de oro común de una ejecución, a Francisco Estupiñán o a quien su poder hubiere, para dentro de los tres meses siguientes.
Domingo López de Rebolledo y su esposa, Beatriz de Arriaga, vecinos de Jalapa, haciendo de deuda ajena suya propia, se obligaron a que si Cristóbal de Lozana Salazar pagare por su primo Francisco Luis los 480 pesos de una ejecución, ellos le pagarán la referida cantidad más las costas que se le hubieren seguido.
Manuel Hernández, tendero, vecino de Jalapa, vende a Cristóbal de Lozana Salazar, de la misma vecindad, una negra llamada Lucrecia, de nación Angola, de 23 años de edad, poco más o menos, con un hijo suyo, mulatillo, esclavo, de 5 a 6 años de edad, libres de hipoteca, empeño ni enajenación, sujetos a servidumbre, por el precio de 405 pesos de oro común, horros de alcabala.
Francisco Luis, vecino de Jalapa, vende a Cristóbal de Lozana Salazar, de la misma vecindad, un negro llamado Mateo, bozal, de tierra Congo, de 14 años de edad, recién venido de Guinea, sin asegurarlo de ninguna enfermedad pública o secreta, por el precio de 300 pesos de oro común.
Cristóbal de Lozana Salazar, vecino de Jalapa, se obligó a pagar a Francisco Luis o al capitán Francisco Díaz Pimienta, mercader de negros, 300 pesos de oro común, precio de un negro llamado Mateo, de tierra Congo, para fin del mes de abril de 1617, todos juntos en una paga.
Cristóbal de Lozana Salazar, vecino de Jalapa, y Juan Rubio, oficial de sastre, residente en esta provincia, formaron una compañía para vender ropa y otros géneros durante dos años, en esta manera: el primero entregó al segundo 1 000 pesos de oro común en mercaderías de Castilla, de China y de la tierra, como son ruanes, creas, jerguetas, tafetanes, sedas, mitanes, paños, naguas, huipiles y otros géneros, para venderlos en una tienda que Cristóbal de Lozana tiene en este pueblo; y el dicho Juan Rubio, pone su oficio y trabajo de sastre; al término de los dos años, Cristóbal de Lozana se llevará dos tercios de las ganancias, y Juan Rubio, un tercio de las mismas.
En junta de Cabildo presidida por fray Miguel Postigo, guardián del Convento de San Francisco, los miembros de la Cofradía de las Ánimas del Purgatorio integrada por don Fernando Cortés de Monroy, Alcalde Mayor de Jalapa, los diputados Francisco Martín Matamoros y Martín López de la Plaza, los mayordomos Juan Rodríguez de Herrera y Cristóbal de Lozana Salazar, el capitán Cristóbal Román, juez de caminos; y los cofrades Francisco Pérez Romero, Alonso García de la Torre, Diego González, Juan Ortuño y Domingo Díaz, se desistieron del derecho que tenían a una capilla en la capilla mayor al lado del Evangelio, en la iglesia del Convento de San Francisco, de que les hizo merced el padre Provincial fray Juan de Elormendi, para que dicho guardián la dé a quien fuere servido.