Juan de Quirós, vecino de esta provincia, y su esposa, Francisca de Yepes, ésta como heredera universal de su madre Petrona Díaz, se convino con su padre Alonso García de la Torre para repartirse (división de bienes) unas casas, mulas, esclavos y otros bienes que quedaron al morir la referida Petrona Díaz.
Alonso García de la Torre y su esposa, Petrona Díaz, vecinos de la provincia de Jalapa, venden a Baltazar Vázquez de Herrera la Venta de Xalatengo y la mitad de un trapiche, con los esclavos negros, bueyes, calderas y cañaverales, por el precio de 3 000 pesos de oro común.
Fray Juan de Ochoa, religioso lego de la orden del Señor San Francisco, en la provincia de Santiago de Jalisco, en la de Guadalajara, estante en este pueblo, como hijo legítimo y único heredero de Juan de Ochoa de Otassa y de Petrona Díaz, sus padres, difuntos, vecinos que fueron en este de Jalapa, dio su poder cumplido al padre guardián y síndico del monasterio de San Francisco de Jalapa, para que en su nombre vendan o arrienden unas casas de piedra cubiertas de teja que por bienes de sus padres quedaron en este pueblo, en la calle nombrada Tecuanapa, hacen esquina y lindan con solar del Hospital de Nuestra Señora de la Concepción y con solar de las Casas Reales, donde al presente vive Nicolás de la Torre Arnate, maestro de hacer loza.
Petrona Díaz, hija legítima de Juan de Quiroz y de Francisca de Yépez, contenida en la cláusula del testamento de Alonso García de la Torre, difunto, en razón del vínculo que dejó en unas casas, se obliga de mandar decir dos misas cada mes conforme a lo dispuesto por su abuelo Alonso García.
María Sebastiana de Yépez, vecina de Jalapa, otorga carta de libertad a José Antonio, mulatico niño de 5 años más o menos, criollo nacido en su casa, hijo de Petrona Díaz, mulata esclava que heredó de su madre Francisca de Yépez, a quien le había prometido librarlo graciosamente del cautiverio y servidumbre a que estaba sujeto y por el amor de haberlo criado, le da la libertad desde ahora y para siempre.\r\n
Baltazar Vázquez de Herrera, vecino de la ciudad de Toledo, en los reinos de Castilla, se obligó a pagar a Alonso García de la Torre y a Petrona Díaz, 3 000 pesos de oro común, precio de la mitad de un trapiche de moler caña de azúcar, sus pertrechos y una venta, para dentro de ciertos plazos que fenecerán el 31 de marzo de 1607.