Don Andrés Pérez de la Higuera, vecino de esta provincia, se obligó a pagar al capitán Alonso de Quesada, vecino de la Isla Margarita, 3 900 pesos de oro común, precio de 10 esclavos negros, ocho varones y dos hembras, de diferentes nombres y edades, para fin de marzo de 1617, todos juntos en una paga.
Francisco Hernández de la Higuera, dueño del ingenio de Nuestra Señora de la Concepción, en esta provincia, vende a su hermano Andrés Pérez de la Higuera, un mulatillo llamado Juan, criollo, hijo de Antona, negra, de 20 meses, con las tachas que tuviere, sin asegurarlo de cosa alguna, enfermedad pública ni secreta, por el precio de 150 pesos de oro común.
Tomás de Soto y su esposa, María de la Cruz Villanueva, vecinos de Jalapa, venden a don Andrés Pérez de la Higuera, vecino de esta provincia, una caballería de tierra en términos de Jalapa, de que se hizo merced a don Álvaro Pérez, abuelo de los otorgantes, ubicada entre unos encinales, en una loma junto a la Venta de Xalatengo, por el precio de 125 pesos de oro común.
Blas Duarte, vecino de la nueva ciudad de la Veracruz, con poder de su cuñado Vicente Rijo, piloto, vende a don Andrés Pérez de la Higuera, dueño y señor de su ingenio de La Santísima Trinidad, cuatro esclavos negros de diferentes nombres, tierras y edades, bozales, recién venidos de Guinea, sin asegurarlos de tacha ni enfermedad, por el precio de 400 pesos de oro común cada uno.
Doña Magdalena de Tejeda, vecina de Jalapa, viuda de Rodrigo Fernández y como curadora de sus menores hijos, vende a don Andrés Pérez de la Higuera, dueño del ingenio La Santísima Trinidad, un sitio de venta y cinco caballerías de tierra, ubicadas en términos de Jalapa, donde dicen Xalatengo El Viejo, a poco más de media legua del pueblo, por el precio de 480 pesos de oro común.
Martín López de la Plaza y Catalina Ruiz, su legítima esposa, vecinos de Jalapa, venden a don Andrés Pérez de la Higuera, dueño de su ingenio en esta provincia, dos caballerías de tierra en términos de Jalapa, en la parte nombrada la Cañada de San Andrés, desde el paso del río que llaman el potrero hacia las faldas del cerro de Perote, por el precio de 300 pesos de oro común.
Don Andrés Pérez de la Higuera y don Francisco Hernández de la Higuera, como albaceas de su suegro don Juan Díaz Matamoros y en cumplimiento de una cláusula de su testamento, fundaron una capellanía de misas por el sufragio de su alma y la su esposa doña Magdalena Díaz, en la capilla del Convento de San Francisco, con 2 130 pesos de principal y 106 pesos y 4 tomines anuales de renta que se impusieron en el ingenio de azúcar Nuestra Señora de la Concepción, y los religiosos fray Bartolomé de Guzmán, guardián predicador del convento, fray Miguel Postigo, fray Jerónimo de Rueda, y fray Pedro Ramírez, moradores conventuales, por lo que les toca, aceptaron esta escritura y se obligaron a decir 36 misas cantadas en cada año, a razón de 3 pesos de limosna por cada misa.
Don Andrés Pérez de la Higuera, residente en su ingenio nombrado La Santísima Trinidad, dio su poder cumplido a Martín López de la Plaza, vecino de Jalapa, para que lo represente en todos sus pleitos, causas civiles y criminales y para que pueda cobrar cualesquier pesos de oro, joyas, esclavos, mercaderías, bienes raíces y muebles que le debieren.
Andrés Pérez de la Higuera, dueño del Ingenio La Santísima Trinidad, como principal, y Francisco Hernández de la Higuera, su hermano, dueño del Ingenio Nuestra Señora de la Concepción, su fiador, ambos vecinos de esta provincia de Jalapa, dieron su poder cumplido a Don Juan Ochoa de la Lejalde y Reynoso, y al Lic. Alonso Díaz de Herrera, vecinos de Los Angeles, y a Juan de Castillete, vecino de México, para que representando sus personas puedan comprar oro y plata labrada en la cantidad de pesos de oro que les pareciere necesario, y una vez hecho barata y salida de ellos, quede de lo procedido horros de daños y costas hasta la cantidad de 10, 000 pesos de oro común.
Francisco Hernández de la Higuera, dueño del ingenio Nuestra Señora de la Concepción, en esta provincia, como principal deudor, y Andrés Pérez de la Higuera, dueño del Ingenio La Santísima Trinidad, como su fiador, dieron su poder cumplido a Don Juan Ochoa de Lejalde y Reynoso y al Lic. Alonso Díaz de Herrera, vecinos de la ciudad de Los Angeles, y a Juan de Castillete, vecino de México, para que representando sus personas puedan comprar oro y plata labradas o por labrar en la cantidad de pesos que les pareciere ser necesario, y una vez hecha barata y salida de ellos, quede de lo procedido horros de daños y costas hasta la cantidad de 10, 000 pesos de oro común.