El capitán Agustín de Sotomayor y de la Mota, Alcalde Mayor de Jalapa, se obligó a pagar a don Andrés Pérez de la Higuera, dueño de su ingenio en esta provincia, 300 pesos de oro común, por razón de otros tantos que le prestó en reales de contado, para fin del mes de enero de 1616, todos juntos en una paga.
Andrés Pérez de la Higuera, dueño del ingenio nombrado La Santísima Trinidad, y su hermano, Francisco Hernández de la Higuera, de la misma vecindad, dieron su poder cumplido a Juan de Castillete y a Luis Bautista, vecinos de la ciudad de México, para que a nombre suyo puedan comprar de cualesquier personas oro y plata labrada hasta por la cantidad de 2 000 pesos de oro común.
Andrés Pérez de la Higuera, dueño del ingenio de azúcar nombrado La Santísima Trinidad, se obligó a pagar a Rodrigo Alonso Mejía, vecino de la ciudad de Cumaná, 1550 pesos de oro común, precio de una negra llamada Victoria con tres hijos suyos nombrados Juan, Andrés(sic) y Pascuala, de diferentes edades, para fin del mes de marzo de 1617, todos juntos en una paga.
El capitán Alonso de Quesada, vecino de la Isla Margarita, vende a don Andrés Pérez de la Higuera, dueño del ingenio de azúcar nombrado La Santísima Trinidad, 10 piezas de negros esclavos, ocho varones y dos hembras, de diferentes nombres, edades y tierras, bozales, sin asegurarlos de ninguna tacha o enfermedad pública ni secreta, los varones a 400 pesos y las hembras a 350 pesos la pieza.
Don Andrés Pérez de la Higuera y don Francisco Hernández de la Higuera, hermanos, albaceas testamentarios de Juan Díaz Matamoros, y como esposos de doña Francisca y doña Inés Díaz Matamoros, hijas del referido Juan Díaz, fundaron una capellanía de misas por el alma de su suegro, con 710 pesos de oro común de principal y 35 pesos y medio anuales de renta, los cuales fueron situados en el ingenio de Nuestra Señora de la Concepción; se nombró por primer capellán al bachiller Bartolomé Pérez, con la obligación de decir 24 misas rezadas anuales, en reverencia de la Santísima Cruz, en el altar del Covento de Jalapa.
Don Andrés Pérez de la Higuera, dueño del ingenio La Santísima Trinidad, dio su poder cumplido a Francisco de Benavides, vecino de la nueva ciudad de la Veracruz, para que lo represente en todos sus pleitos, causas civiles y criminales y para que pueda recibir y cobrar cualesquier maravedís, pesos de oro, joyas, esclavos y mercaderías que le debieren.
Doña María González de Amarilla, viuda de Francisco Hernández de la Higuera, usufructuaria de las haciendas que quedaron a la muerte de su esposo, y su hijo don Andrés Pérez de la Higuera, administrador de las dichas haciendas por mandato de su madre, dieron su poder cumplido a José de Celi, procurador en la Real Audiencia de la ciudad de México, para que lo represente en todos sus pleitos, causas civiles y criminales y para que pueda cobrar cualesquier pesos de oro, joyas, esclavos, mercaderías, bienes raíces y muebles que le debieren.
Francisco de Carriedo, vecino de la ciudad de México, dio su poder cumplido a don Andrés Pérez de la Higuera, dueño de su ingenio, en esta provincia, para que lo represente en todos sus pleitos, causas civiles y criminales y para que pueda cobrar cualesquier pesos de oro, joyas, esclavos, mercaderías, bienes raíces y muebles que le debieren.
Don Andrés Pérez de la Higuera, residente en su ingenio nombrado La Santísima Trinidad, dio su poder cumplido al licenciado Melchor Márquez de Amarilla, su tío, racionero de la Catedral de Tlaxcala, para que lo represente en todos sus pleitos, causas civiles y criminales y para que pueda cobrar cualesquier pesos de oro, joyas, esclavos, mercaderías, bienes raíces y muebles que le debieren; especialmente, para que en su nombre saque en almoneda pública los diezmos de ganado mayor,desde los ingenios de la provincia de Jalapa hasta la nueva Veracruz, por los años que le pareciere, aceptando en su nombre el remate y la escritura de obligación para la correspondiente paga, en el plazo que concertare.
Andrés Pérez de la Higuera y su esposa, Francisca Matamoros[Ana Francisca Matamoros], vecinos de la provincia de Jalapa, dieron carta de libertad a María, niña, hija de una esclava china nombrada Isabel, y de Juan de Cabrera, carpintero; y por esta libertad, sus padres no pagarán estipendio alguno, con cargo y gravamen que no podrán sacar de su poder hasta tanto no tenga edad suficiente para tomar estado de casada o monja.