Luis de Arévalo, vecino del pueblo de San Juan Quescomatepeque [Coscomatepec], hijo legítimo de García de Arévalo y doña Catalina López, naturales que fueron del pueblo de Tecamachalco, difuntos, otorga su testamento en la manera siguiente: Declara que debe al tendero del alguacil mayor de la villa, al Alcalde Mayor, a Diego Muñoz vecino de Huamantla, al Capitán Marcos Blanco, a un indio llamado José [roto]. Menciona por sus bienes siete mulas, seis yeguas; una chamberga, un capote, almohadas, camisas, entre otros géneros que se mencionan en la escritura. Declara que fue casado con Isabel Figuera [sic], hija legítima de Andrés Marín y María de Figuero [sic]; durante el matrimonio procrearon a Juan de Arévalo. Para cumplir y pagar el presente testamento nombra albacea a Francisco de Arévalo y como su heredero universal a Cristóbal de Arévalo, que ha criado en su casa, además de que lo ayudó a ganar lo que tiene, nombra por tutor y curador del susodicho al citado Francisco de Arévalo.
Sans titreEl Bachiller Francisco de Arteaga y Cuéllar, Cura, Vicario y Juez Eclesiástico de la Doctrina de Atzalan, jurisdicción de Jalacingo, vende a Inés del Castillo Guzmán, mujer legítima de Andrés Marín, un esclavo nombrado Miguel, mulato de color cocho de 33 años poco más o menos, que heredó de Francisco de Arteaga y de doña Juana Muñoz, sus padres, cuyo esclavo se encuentra libre de empeño, hipoteca y enajenación, en 250 pesos de oro común.
El Bachiller Francisco de Arteaga Cuéllar, Cura de la Doctrina de San Andrés Atzalan, jurisdicción de Jalacingo, vende a doña Inés del Castillo Guzmán, mujer legítima de Andrés Marín, vecino de ese pueblo, una esclava nombrada Micaela mulata de 28 años más o menos y un hijo suyo nombrado Pedro, de 4 años, los cuales compró de don Francisco de Arteaga y doña Juana Muñoz, sus padres. Cuyos esclavos están libres de empeño, hipoteca y enajenación, en 250 pesos de oro común la madre y en 50 su hijo.
Don Andrés Marín, principal deudor y vecino de Jalacingo, junto con su hermano don Alonso Marín, fiador y vecino del pueblo de Altotonga, deben y se obligan pagar al Capitán Rodrigo Antonio de Neira y Quiroga, vecino de la Ciudad Capital de México, la cantidad de 988 pesos, 1 y 3 octavos reales de oro común, de la siguiente manera; 600 pesos en el periodo de 3 meses, y la cantidad restante luego que se verifique estar levantada la cosecha de tabaco el próximo año.