Marcelo Barradas y Ana Barradas, hijos legítimos de Gabriel Barradas y María Hernández, vecinos de esta jurisdicción de Jalapa, y la citada Ana Barradas con licencia expresa de su esposo Juan Barrios, otorgan poder especial a Lucas José Barradas, español y vecino de este pueblo, para que en sus nombres comparezca ante el rey, sus reales audiencias y chancillerías, demás señores jueces y justicias, superiores e inferiores y de ambos fueros, donde prosiga la demanda que tienen los otorgantes con los herederos de apellido Antúnez, por la propiedad de unas tierras ubicadas en la Estanzuela, para lo cual presente pruebas, testigos y declaraciones necesarias.
Diego Barradas y Marcelo Barradas, hijos legítimos de los difuntos Alfonso Barradas y María Hernández, vecinos del pueblo de Naolinco, otorgan poder a Ana Barradas y a Juan Barrios, marido y mujer, para que comparezcan ante los Jueces y pidan el cumplimiento de la sentencia de división de las tierras de la Estanzuela.
María Hernández, india natural de Jalapa, mediante Pedro Hernández, intérprete, vende a Juan Pérez, estante en Jalapa, un solar para casa en este pueblo, al precio de 16 pesos de oro común.
Doña María Hernández, vecina de Xicochimalco, viuda de Antonio González, dio su poder cumplido a Sebastián de Acosta, vecino de Jalapa, y a Mateo Jácome, su hermano, vecino de Xicochimalco, para que en su nombre puedan parecer ante las justicias de Su Majestad, y asistan a la partición que se hiciere de los bienes y hacienda que quedaron por fin y muerte de su marido, entre la susodicha y sus hijos; y cobre todos los reales, pesos, bienes muebles y raíces que por dicha partición le cupiesen.
María Hernández, hija legítima de Diego Hernández y de Ana Ramos, difuntos, vecinos que fueron del pueblo de Orizaba, de donde es natural, vecina de esta villa, viuda, mujer que fue de Antonio Lozano, estando enferma y en cama, otorga que da su poder para testar a Diego Hernández, su hermano, vecino del pueblo de Orizaba, residente en esta villa, para que después de su fallecimiento haga y ordene su testamento en la forma y manera como se lo tiene comunicado. Declara que fue casada con Antonio Lozano, quien falleció “ayer miércoles” 18 del presente, sin haber dejado caudal alguno por estar pobre, por cuya razón no otorgó testamento ni hizo ninguna declaración [roto]. Nombra por su albacea testamentario al citado Diego Hernández, para que entre en sus bienes, los cobre y venda; y en el remanente que quedare líquido nombra por sus herederos a Ana Ramos, Alejandro [roto], Miguel Francisco y Juan Hernández, sus hijos legítimos.
Sem títuloDoña María Hernández, hija y heredera de Don Nicolás Hernández, con licencia de su marido Alfonso Barradas; así como Juana Hernández y Sebastián Hernández, hermanos todos, y como nietos de Luis Hernández, cuya herencia por fin y muerte de su padre tienen aceptada, sobre ciertas caballerías de tierra ubicadas en términos de Jalapa, que se nombran La Estanzuela; dieron su poder cumplido a Alfonso Barradas para que en sus nombres y representando sus personas, parezca en todos sus pleitos, causas y negocios civiles y criminales, que al presente tienen o adelante tuvieren con cualesquier personas.
Lucas Cardeña, vecino de Jalapa, vende a Manuel Rodríguez de Maya, vecino de este pueblo, un solar que hubo de María Hernández, india viuda, que linda con solares de Manuel Rodríguez de Maya, donde la dicha india tiene una casilla de palos, por el precio de 25 pesos de oro común.
Felipa y María Hernández, vecina de esta Villa, mayores de 25 años, han recibido de don Manuel y don Francisco Badillo, de este comercio y vecindad, como albaceas del finado su tío don Mateo Badillo, y por mano de don José Antonio de Bárcena, también de este comercio, la cantidad de 2 000 pesos en reales efectivos moneda corriente, los mismos que el mencionado don Mateo les aplicó al legado gracioso que les hizo por la octava cláusula de su testamento que otorgó el 12 de octubre de 1812.\t
Nicolás Díaz de la Cueva y Sebastiana Farfán, su legítima esposa, otorgan haber recibido de su tío Diego Farfán de los Godos, 50 pesos de oro común de la herencia de su abuela María Hernández, cuya fue la venta de las Vigas, de los cuales se dieron contentos y entregados.
Don José Miguel de Iriarte, de esta vecindad, como apoderado del Presbítero don Antonio Gómez de la Secada, vende a Felipa y María Hernández, hermanas vecinas de esta Villa, una casa ubicada en la Calle de las Locerías, con la que hace frente hacia el poniente y del otro lado solar que fue de Guillermo Orduña y casa de don Pedro Antonio Garay y Llano. Por su fondo al oriente linda con solar que fue de los herederos de don José de Castro, por el sur con casa y solar del mencionado Orduña y por el norte con casa alta del finado don José Ignacio del Toro. La vende en precio de 1 500 pesos.