Juan Antonio de Zavalza, el Capitán Bartolomé de Castro, Francisco de Aguirre y doña María de Thormes, vecinos del pueblo de Jalapa, acreedores a los bienes que quedaron por muerte de Eugenio de Pro, y Mariana de Cardeña, su viuda, dijeron que en su testamento declaró deberles diferentes cantidades, pero lo que se ha apreciado no equivale para satisfacer los débitos, pero entre sus bienes quedó una casa de madera con 50 varas por cada viento, linda por una parte con solar de Cristóbal Hernández y Lucas de Rivera, por otra parte con solar de Andrés de Bustillos, con tierras de los ejidos de este pueblo y con solar y casa de Miguel de Mafara, en cuya virtud convienen en venderla juntamente con el solar para cubrir dichos débitos a Juan Zapata de Herrera, vecino de la jurisdicción de la Antigua Veracruz. La venta se hace en 185 pesos y 7 tomines de oro común.
Juan Zapata de Herrera, vecino del pueblo de Jalapa, vende a José García, de la misma vecindad, una casa de madera cubierta de teja que esta en solar propio, mide 50 varas por cada viento; linda por una parte con solar de Cristóbal Martín y Lucas de Rivera, por otro con solar de Andrés de Bustillos, con tierras de los ejidos de este pueblo y con solar de Miguel de Mafara, el cual lo hubo de los herederos y acreedores de Eugenio de Pro, cuya casa y solar se encuentran libres de empeño, hipoteca y enajenación; la venta se hace en 140 pesos de oro común que le ha pagado.
Lucas de Rivera, pardo libre, vecino del rancho de la Joya, enfermo en cama, otorga su testamento donde declara como su principal albacea a Miguel de Alarcón, su sobrino, mancebo soltero, no de la edad competente que para esto se requiere, por lo cual nombra en su compañía a Juan de Rivera, pardo libre, hermano del otorgante, vecino de Jalapa, a uno y a otro parciales y mancomunes con la circunstancia que uno sin otro no puedan disponer de sus bienes, con el superádito de que Miguel de Alarcón es heredero en igual parte con María de Alarcón y Rivera, su hermana doncella, uno y otro sus sobrinos, así también deja como heredero a Miguel, indio niño de 10 a 11 años por tenerlo en tutela y crianza, cuyos bienes y deudas que tiene se enlistan en la escritura.
Don Pedro de Parraga Robledano, con poder y licencia del Cura de la Cofradía de la Ánimas, vende a don José [Gabriel] de la Parra, un solar y casa de madera y tejas, con 50 varas de solar, que linda con solar que era de Cristóbal Martín y Lucas de Rivera, por la otra con solar de Andrés de Bustillos, por la otra con solar que fue de Miguel de Mafara, y por la otra con tierras de los ejidos; dicha propiedad fue de José García y se vende al precio de 197 pesos.