Petrona de Arauz, viuda y vecina del pueblo de Jalapa, otorga poder general al Capitán Diego García Rosado, vecino de la Ciudad de México, para que la represente en todos sus pleitos, causas y negocios civiles y criminales, así parezca ante las autoridades a fin de que pida, demande y cobre de las personas los pesos, reales, alhajas, derechos y acciones que le competan con libre y general administración.
Don Hipólito del Castillo de Altra, vecino de la villa de Córdoba y dueño de hacienda de trapiche de hacer azúcar en su jurisdicción, nombrada Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, dijo que por cuanto tiene dado poder general a don Juan de Ureña, vecino de la ciudad de México y Contador Mayor del Tribunal y Audiencia de Cuentas de esta Nueva España, ahora, dejándolo en su crédito, honor, opinión y buena fama, revoca y substituye dicho poder; por lo cual, otorga poder general a don Diego García Rosado, en primer lugar, y en segundo a don Tomás José Jiménez, Agente de Negocios en la Real Audiencia de este reino, para que en su nombre lo representen y defiendan en todos sus pleitos, causas y negocios, civiles y criminales, que tenga con cualquier persona y ellas contra él, en cualquier juzgado, audiencia o tribunal.
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