Rosa María de Acosta, hija legítima del Alférez Felipe de Acosta, vecino del pueblo de Naolinco y de Juana Hernández de la Higuera, difunta, otorga poder para testar a su padre el Alférez Felipe de Acosta, para que en su nombre ordene su testamento, el cual manda se cumpla como si ella lo otorgase, asimismo lo nombra heredero universal.
Felipe de Acosta, Alférez actual de la Compañía Miliciana del Batallón de Jalapa, Rosa María de Acosta, Antonia Felipa, mujer y conjunta persona de Francisco Domínguez Muñiz, como hijos legítimos y herederos de doña Juana Gil de la Higuera, venden a Diego Maldonado, una casa de piedra y lodo cubierta de teja, ubicada en la Calle Real que baja de la plaza que va hacia la Ciudad de la Nueva Veracruz, colinda con casa de Calixto Ventura, con solar de Francisca de Orduña Castillo y al oriente con el arroyo que baja de Techacapan. La venta se hace en 270 pesos que han recibido.
Doña María Manuela de Acosta, viuda y albacea de don Manuel José de Acosta, junto con sus hijas legítimas doña Gertrudis y doña Sebastiana de Acosta, doncellas mayores de 25 y 23 años, declaran que por partición de bienes que se les hizo entre los demás herederos del mencionado difunto: doña Inés, don Felipe de Acosta, doña Rosa María, don Juan y doña María Bernarda, solicitan, por su precario estado económico, que se les entregue en calidad de depósito irregular la cantidad de 200 pesos, cuya cantidad han recibido de don Francisco Javier López, Mayordomo de la Cofradía de la Pura y Limpia Concepción, pagando 5 pesos cada seis meses de réditos, cantidad que se obligan a tener por 5 años. Y para la seguridad de su pago hipotecan la casa de su morada ubicada en la calle de San Francisco.