Mauricio de Ibarra, vecino del pueblo de Jalapa, natural de la Ciudad de Pontevedra en los Reinos de Galicia, hijo legítimo de Bartolomé de Ibarra y de Dominga de Amuedo, otorga poder para testar a Roque de Ibarra, su hermano legítimo, para que en su representación ordene su testamento en la forma en que le tiene comunicado.
Juan de Thormes, el Capitán Bartolomé de Castro, el Alférez Juan Francisco Romero, Juan Fernández de Cartagena, Miguel Jerónimo López de Ontanar, Alonso de Torquemada, Mauricio de Ibarra, Juan Prieto Rendón, el Capitán Antonio de Campo, Diego de la Torre Arnate, José Ramos, el Alférez Juan Meléndez Favio, entre otros vecinos de Jalapa, otorgan poder de mancomún, cada uno de por sí al Alférez Pedro Román, vecino de la Ciudad de México, para que en sus nombres parezca ante el Tribunal de Reales Alcabalas y pida, en nombre de esta provincia, se les rematen las Reales Alcabalas, haciendo las posturas y pujas que sean necesarias con las calidades y condiciones que se le arrendaron a Melchor Francisco Sánchez.
Roque de Ibarra, vecino de la Nueva Ciudad de la Veracruz, estando muy enfermo en cama otorga poder para testar a su hermano Mauricio de Ibarra, a quien lo nombra también como albacea y heredero universal.