Francisco de Alvarado y Pascuala Cornejo, vecinos del paraje Cantarranas, jurisdicción de Papantla, él hijo legítimo de los difuntos Francisco Gaspar de los Reyes y de Isabel Hernández, y ella hija legítima de los difuntos Blas Cornejo y de Luisa Martínez, se otorgan poder para testar, nombramiento de albaceas y de herederos.
Don Roque de Buendía, natural de Siles en el Reino de Murcia, hijo legítimo de don Francisco de Buendía y de doña Isabel Hernández, ordena su testamento donde declara ser casado con doña Inés Martínez quien al casarse trajo como dote un cercado de hortaliza, una hacienda de sembrar trigo, una hacienda de sembrar cebada, un regimiento creditario en la Ciudad de Murcia, de todo lo cual no le otorgó carta dotal y que pide después de muerto se le entregue la mencionada carta. Asimismo declara lo siguiente: le debe a Benito Monares, mercader en Alcalá de Henares lo que constare en su libro de cuentas. Nombra por su albacea testamentaria al Padre Antonio Beltrán, de la Compañía de Jesús, a Fray Tomás Rodríguez, religioso de San Francisco, a su esposa Inés Martínez y a don Antonio de Vargas, y por tenedora de sus bienes a su mujer, asimismo instituye por sus legítimos herederos a sus 3 hijos.
Andrés García, vecino del pueblo de Perote y residente en este pueblo, hijo de los difuntos, Andrés García e Isabel Hernández, casado con Catarina de la Rosa, otorga poder para testar y nombra de albacea a su yerno Francisco Joaquín Ravelo, y como herederos nombra a sus 4 hijos.
Andrés García, natural y vecino del Desierto de Perote, hijo legítimo de Andrés García y de Isabel Hernández, otorga poder para testar a Catarina de la Rosa, su legítima mujer, a José Antonio y José García, sus hermanos, para que en su nombre, los 3 juntos de mancomún ordenen su testamento según las cláusulas, legados, mandas, declaraciones que les ha comunicado. Declara ser casado con Catarina de la Rosa con quien tuvo 4 hijos, de edad pupilar todos, a quienes nombra herederos universales.
Andrés, José, Inés y María García y Fernando Osorio, todos hermanos y herederos de Isabel Hernández, presentes algunos y representantes otros, dijeron que por muerte de la mencionada Isabel Hernández, quedó entre sus bienes una caballería de tierra incluida con las demás de que se compone la hacienda de labor nombrada Altoyuca que posee el Capitán Juan de Malpica, apreciada en 300 pesos de oro común de lo que cupo a cada uno 60 pesos, pero María García la vendió al Capitán Juan de Malpica anteriormente, dado lo anterior los otros 4 hermanos venden al mencionado capitán 3 partes de la caballería de tierra, de cuyas cantidades se dan por entregados a su voluntad.