Luis Hernández, residente en la Venta de la Hoya, como albacea de su madre Ana Díaz, vende a Benito Martín, vecino de la nueva ciudad de Veracruz, una negra, bozal, llamada Ana, de nación Angola, de 20 años de edad, en la manera que se la vendió Francisco González Gallón, sin asegurarla de ninguna enfermedad, libre de hipoteca, empeño y enajenación, por el precio de 390 pesos de oro común.
Sebastiana Díaz, vecina de Xilotepec, viuda de Juan Ortiz de Zárate, como hija y heredera de Sebastián Hernández y Ana Díaz, difuntos, cuya herencia tiene aceptada, dio su poder cumplido a Antonio Luis, vecino de la Venta de la Hoya, para que en su nombre reciba y cobre de Luis Hernández, albacea de su madre, los pesos de oro, joyas, esclavos, y otros bienes que le pertenecen.
Estando en El Molino de Río Frío, propiedad de Don José de Ceballos y Burgos, jurisdicción de Jalapa, Catalina González, mujer legítima del Alférez Agustín Rodríguez Lovillo, residente en sus haciendas de la jurisdicción de Jalacingo, como hija y heredera de Lope González [de Villa de Moros] y Melchora de los Reyes, dio su poder cumplido a Antonio Luis, vecino de esta provincia, para que en su nombre cobre de su abuela Ana Díaz, 200 pesos que Pedro Calderón de la Barca, su segundo marido, mandó por cláusula de su testamento a la otorgante, así como lo que le toca de la legítima como hija de Melchora de los Reyes, quien a su vez lo fue de la referida Ana Díaz.
Francisco González Gallón, mercader de negros, vecino de la villa [del]Conde, vende a Ana Díaz, viuda de Pedro Calderón, estante en esta venta, y sus hijos, Luis Hernández y Lázaro Francisco, tres piezas de negros esclavos, dos varones y una hembra, llamados Franciscos y Ana, de nación[tierra] Angola, bozales, recién venidos de Guinea, sin asegurarlos de ninguna enfermedad, sujetos a servidumbre, libres de hipoteca, empeño y enajenación, por el precio de 380 pesos de oro común cada pieza, horros de alcabala.
Luis Hernández, vecino de esta provincia, como albacea de Ana Díaz, su madre, y uno de sus herederos, recibió de Antonio Luis, vecino de esta provincia, los pesos de oro que montan los réditos de la Venta de la Hoya que el susodicho ha tenido en arrendamiento durante 9 años hasta el día de hoy, los tres primeros años a razón de 300 pesos anuales y los seis restantes, a 250 pesos; todo lo cual montó 2 400 pesos, y de ellos se ha reparado la venta y pagándose algunas deudas de Ana Díaz, y dio por libre al dicho Antonio Luis de la obligación que tenía de pagar los referidos réditos, por haberlos saldado hasta el día de hoy.
Lázaro Francisco, heredero y albacea de su madre, Ana Díaz, vecina que fue de este pueblo, dio su poder cumplido a su hermano Luis Hernández, para que en su nombre y a su dita y crédito, él y Alonso Maldonado Gaitán, dueño de sus carros, vecino de la ciudad de México, compren la cantidad de oro o plata labrada o por labrar que le pareciere convenir; y una vez hecho barata y salida de ello, queden horros un mil pesos de oro común, de los cuales hagan los que les tiene comunicado.
Luis Hernández, hijo legítimo de Ana Díaz, difunta, dueña que fue de la Venta de la Hoya, como albacea y heredero de sus bienes, arrendó la citada venta por lo que le toca y en nombre de su hermano Lázaro Francisco a Benito Martín, vecino de la nueva ciudad de Veracruz, con todos sus pertrechos, casas, corrales y descargaderos, por tiempo de cuatro años, al precio de 300 pesos de oro común anuales, pagaderos por tercios del año.
Francisca Díaz, viuda, como una de las herederas de Ana Díaz, su madre, quien dejó entre otros bienes la Venta de la Hoya, dio su poder cumplido a Miguel de Troya, mercader, vecino de Jalapa, para que de conformidad con los autos de una demanda puesta por Antonio Luis a su hermano Luis Hernández, haga los pedimientos, requerimientos, alegatos necesarios, hasta conseguir la cobranza de la herencia que le corresponde de su madre.
Lázaro Francisco, vecino de la provincia de Jalapa, como heredero y albacea de Ana Díaz, su madre, se comprometió a pagar a don Pedro Dorantes y a María de la O, su sobrina, 500 pesos de oro común que por cláusula de testamento les pertenecen.
Lázaro Francisco y Luis Hernández, albaceas e hijos legítimos de Ana Díaz, se obligan de pagar a Jerónimo González 229 pesos de oro común, por razón de haber trabajado durante un año en la estancia y labor de maíz que ambos han poseído en la provincia de Jalapa.