Diego de Aguirre, vecino del pueblo de Jalapa, natural de la Villa de Durango, hijo legítimo de Miguel de Aguirre y de María de Duña, estando enfermo en cama en su entero juicio, otorga su testamento haciendo las mandas acostumbradas. Declara que algunas personas le tienen diferentes deudas. Tiene entre sus bienes la casa en que vive. Es casado con Isabel de Ochoa y al tiempo de contraer matrimonio, él sólo tenía un esclavo y la herramienta de su oficio y su mujer no trajo dote. Nombra como albacea a su mujer, al Alférez Laureano Fernández de Ulloa y a José Antonio de Acosta y como heredero nombra a su hijo.
Diego de Aguirre, vecino de esta ciudad, dio su poder cumplido a Antonio Carreño, (sic), residente en esta ciudad, dueño de recua, y vecino de Jalapa, para que en su nombre venda un negro nombrado José, de casta Arara, de 26 años de edad, poco más o menos.
El Alférez de Caballos Juan José Rincón, vecino del pueblo de Jalapa, dijo que Serafina Teresa de Espinosa, vecina de la Ciudad de México, mujer legítima de Agustín Camacho, ausente, le otorgó poder especial para le venta de un solar, y usando de él, vende a Diego de Aguirre, un pedazo de solar que mide de frente 31 varas y 68 de fondo, ubicado a la entrada de la Calle Real que viene de la plazuela del barrio alto a la Plaza Pública, linda por el costado con casa de Pedro Hernández de la Velada, difunto, por el otro con casa que fue de María Rodríguez y al fondo con el caño de agua que iba a dar al Convento de San Francisco. La venta se hace en 50 pesos de oro común que por su valor le ha dado.
Don Juan de Thormes, vecino y mercader de Jalapa, y Antonio Cardeña, en nombre y con poder de Diego de Aguirre, vecino de la nueva ciudad de Veracruz, se convinieron y concertaron en hacer el trueque y cambio de esclavos en esta forma: Antonio Cardeña, vecino de Jalapa, dio a Don Juan de Thormes un negro nombrado José, de casta Arara, de 26 años de edad, esclavo del referido Diego de Aguirre; y Don Juan de Thormes, le dio una negra nombrada María, de casta Arara, de 32 años de edad: Dichos esclavos están libres de censo, empeño y otra enajenación, sin asegurarlos de ningún vicio, defecto o enfermedad, y fueron valuados en 200 pesos de oro común cada uno.