Felipe Rodríguez Cabaco, viudo de María Luis, vecino del pueblo de Jalapa, dijo que en cláusula de su testamento tiene como heredera a su mujer María Luis, quien ahora ya es difunta, por lo que anula y revoca esa cláusula, y nombra como heredera a su alma. Asimismo manda se le otorgue libertad a su esclava Ana María después de que fallezca y que las casas de su morada las entreguen al Mayordomo de la Cofradía de las Benditas Ánimas.
El Bachiller Don Juan Manuel Ortiz, como albacea de Don Pedro Ruiz de Peralta, presentó por testigo a Felipe Rodríguez Cabaco, español, vecino de Jalapa, y siendo preguntado, dijo que fue testigo en la memoria que dicho difunto hizo, el cual estaba en su entero juicio y dejó como albacea al Bachiller Don Juan Manuel Ortiz.
Para la dicha información, Don Juan de Castro presentó por testigos a Don Felipe Rodríguez Cabaco, español, vecino de Jalapa, y siendo preguntado dijo haber conocido a José Lopez Osorio, así como a sus padres Don José López Osorio y Doña Francisca Domínguez de Arellano, marido y mujer legítimos, durante su matrimonio tuvieron entre otros hijos a José López Osorio; no conoció a su abuelo paterno, pero sí a su abuela Doña María Osorio; y por la línea materna, conoció a sus abuelos Don Alonso Domínguez y a Doña Felipa de Arellano, todos fueron españoles legítimos, cristianos viejos y limpios de toda mala raza.
Felipe Rodríguez Cabaco, vecino del pueblo de Jalapa, dijo que tiene por esclava a Ana María, parda de 20 años más o menos, quien le ha servido con mucha voluntad y lealtad a él y a su difunta mujer, quien antes de morir le concedió la libertad, en cuya virtud horra y liberta de todo cautiverio, servidumbre y esclavitud.
Domingo de Oliveros, vecino de Jalapa, como albacea testamentario y tenedor de bienes de Don Pedro González del Castillo, vende a Felipe Rodríguez Cabaco, vecino de este pueblo, una mulata nombrada María, esclava de dicho difunto, criolla de su casa; hija legítima de Estefanía, mulata, esclava del susodicho, y de Alonso Miguel, mestizo; de 9 años de edad, libre de empeño, hipoteca y enajenación, sin asegurarla de ninguna tacha, vicio, defecto ni enfermedad pública ni secreta, por el precio de 200 pesos de oro común.
Felipe Rodríguez Cabaco, vecino de Jalapa, dijo que otorgó testamento el 17 de junio de 1697 y en atención a no haber considerado ofrecérsele cosa alguna qué añadir ni quitar, dijo que se guarde, cumpla y ejecute como en el se contiene expreso.
El Capitán Miguel Jerónimo López de Ontanar, Teniente de este pueblo de Jalapa, certifica en testimonio de verdad que habiendo ido a las casas de Felipe Rodríguez Cabaco por llamado del Reverendo Manuel del Pozo, Presbítero, diciéndole que María Luis, mujer del mencionado Felipe Rodríguez, quería hacer testamento, a quien solamente le tomó declaración de que quería dejar libre a Ana María de la parte que en ella tenía, quien no tuvo más que declarar.
Testamento de Don Felipe Rodríguez Cabaco, natural de la ciudad de Los Ángeles, hijo legítimo de Don Vicente Rodríguez Cabaco y de Doña Isabel Pérez de la Higuera, vecinos que fueron del Ingenio nombrado La Santísima Trinidad, en esta jurisdicción.