Pedro del Río Aboza, vecino de la jurisdicción de San Juan de los Llanos, apoderado de los padres religiosos y convento de nuestra señora del Carmen de San Alberto de la Ciudad de México, en virtud de este poder pidió ejecución ante la Real Justicia de este juzgado contra los bienes de Cristóbal de Zárate y María de Domínguez, su mujer, y contra los bienes de Diego de Zárate, difunto, por cantidad de 1, 250 pesos de oro común de los corridos de un censo en el rancho de labor que les concedió doña María de Estupiñán, en cuya herencia entraron dichos religiosos por cláusula de testamento lo cual se trabó en dichos bienes, llegando a un convenio Diego de Zárate, hijo de Cristóbal de Zárate y de María Domínguez, y Juan de Zárate, como hijo de Diego de Zárate, fiador que quedó por los susodichos, acordando que darán de contado 500 pesos de oro común con lo que les harán gracia y donación de los 750 pesos restantes quedando libre el rancho para dichos religiosos, por cuya razón otorga que recibe dichos 500 pesos.
Juan de Zárate, español vecino de Xilotepec, dijo que entre los bienes que dejó su padre Diego Ortiz de Zárate, se encontraba un esclavo llamado Salvador de Rivera, de 8 años de edad, hijo de Diego de Rivera y Juana Pascuala, que fue valuado en 100 pesos, a quien ahora le otorga libertad por cantidad de 300 pesos que a su satisfacción ha entregado Juana Pascuala su madre.
Miguel de Mafara, vecino de Jalapa, dijo que revoca el poder que otorgó a Miguel Gómez el 4 de abril de 1707, y ahora se lo otorga a don Juan de Zárate, vecino de la Ciudad de Tlaxcala, residente en esta jurisdicción para que en su representación pida, reciba y cobre de Antonio Martín de Castro, María de los Santos y de otras personas que hubieran sucedido las tierras llamadas Tocuila, ubicadas en las orillas de la barranca de Chocaman, jurisdicción de Orizaba, la parte que le corresponde a Josefa de Castro, su mujer y heredera también de Marcos Martín de Castro.
Don Ventura de Guadarrama Frías y Espinosa, vecino de la jurisdicción de Jalapa, otorga poder especial a don Juan de Zárate, para que en su nombre lo defienda en el pleito que contra él esta siguiendo Juan Bravo.
Diego de Zárate y Juan de Zárate, vecinos de Jalapa, venden a Don Juan de Malpica, vecinos del desierto de Perote, la parte y porción de tierras que les pudiera tocar en el rancho de labor nombrado San Juan Alteyuca, ubicado en el desierto de Perote; libre de censo, empeño, hipoteca ni otro gravamen, por el precio de 40 pesos de oro común.
Juan de Zárate y Diego de Zárate, vecinos de Jalapa, como herederos de Diego Ortiz de Zárate, venden a Lorenzo Romero, vecino de Jalapa, una mulata nombrada Antonia Catalina, de 20 años de edad, la cual heredaron de su padre, sujeta a servidumbre, por el precio de 300 pesos de oro común.
Juan de Zárate y Diego de Zárate, como hijos y herederos de Diego Ortiz de Zárate, venden al Lic. Juan de Astudillo, cura beneficiado de Tepeyahualco, un esclavo mulato nombrado Miguel, de 6 años de edad, en el precio de 100 pesos de oro común, libres de alcabala.
Juan de Zárate y Diego de Zárate, vecinos de Jalapa, como testamentarios y herederos de Diego Ortiz de Zárate, venden a Doña Teresa de Córdoba y Arellano, mujer legítima de Lorenzo Romero Jurado, vecinos de Jalapa, una esclava mulata nombrada Antonia Catalina, de 20 años de edad, que hubieron y heredaron de su padre, por el precio de 300 pesos de oro común, libres de alcabala.
Francisco Hernández de la Higuera, vecino de la Puebla de los Ángeles, dio carta-poder a Benito Muñoz, vecino de Tepeaca, para que en su nombre cobre a Juan de Zárate, vecino de Tepeaca, 230 pesos de oro común.
Ignacio de Zárate, hijo legítimo de los difuntos Juan de Zárate y María de la Candelaria de Castro, junto con María Nicasia Meléndez, hija legítima de los difuntos Francisco Fabio Meléndez y de Ana Dorantes, naturales de España y vecinos de este pueblo de Jalapa, se otorgan poder para testar, nombramiento de albaceas y de herederos universales.