Francisco de Tovar, Maestro Mayor del Arte de Herradores y Albeitería en toda la gobernación de esta Nueva España, aprobado por el Marqués de Valero, declaró con juramento que ha examinado en el arte de herrador a Sebastián Díaz de Acosta, natural y vecino de Jalapa, de 25 años de edad, alto de cuerpo, trigueño, pelo negro, a quien le aplicó examen con preguntas y muestras del arte declarándolo hábil y suficiente y lo dio por maestro en dicho arte con licencia y facultad para poderlo usar.
Sebastián Díaz de Acosta, vecino del pueblo de Jalapa, otorga poder para testar a don Miguel Pantaleón Díaz de Acosta, su hijo, Presbítero, Vicario de la Doctrina de Teziutlán, para que en cualquier tiempo que quisiera sin pasar los términos de que dispone la ley, haga y ordene su testamento, haciendo las mandas, legados y obras pías que por bien tuviere. Nombra como albaceas a su hijo Miguel Pantaleón y a su yerno Juan José Rincón, y como herederos universales a sus hijos.
Don Sebastián Díaz de Acosta, vecino de Jalapa, vende a Don Juan de Thormes, mercader y vecino de Jalapa, una esclava negra nombrada Teresa, de 20 años de edad, que hubo y compró de Doña María Rodríguez, vecina de la nueva ciudad de Veracruz, su fecha 2 de febrero de 1682; libre de empeño, enajenación e hipoteca, con los vicios, defectos y enfermedades públicas y secretas que en el cuerpo humano caben, por el precio de 200 pesos de oro común de a ocho reales cada uno.
El Licenciado Miguel Pantaleón Díaz de Acosta, Cura Beneficiado del curato de San Antonio Huatusco, albacea de su padre Sebastián Díaz de Acosta, otorga poder general a José Ramos, para que en su nombre demande y cobre de las personas que le adeuden a través de vales, escrituras, arrendamientos, todas las cantidades de pesos, joyas, etc., también para que se encargue de todos los asuntos administrativos, judiciales y demás que se ofrezcan.
Don José Díaz de Acosta, hijo legítimo de los difuntos don Sebastián Díaz de Acosta y doña Sebastiana Pérez de Medina, natural y vecino del pueblo de Jalapa, casado en primeras nupcias con doña María de Jesús García de Baldemora y en segundas con doña Catarina Domínguez, otorga poder para testar y nombramiento de albaceas a doña María y doña Antonia Díaz de Acosta, sus hijas legítimas del primer matrimonio, en compañía del Licenciado Pedro García de Baldemora, y como herederas a sus citadas hijas.
El Teniente de Caballos, don Juan José Rincón, vecino y labrador en el pueblo de Perote, con poder para testar y de albacea de Sebastián Díaz de Acosta, vende a don José Antonio de Acosta, por vía de censo, 2 caballerías de tierra que quedaron de los bienes heredados por su difunto suegro, en la cantidad de 600 pesos, por cuyo censo pagará la cantidad de 5% cada 6 meses.
Doña Ana González de Astudillo, vecina de Jalapa, viuda de Cristóbal de Salcedo, hizo gracia y donación a Sebastián Díaz de Acosta, de una casa que sus padres le dieron en dote, ubicada en la Calle Real que viene del camino de la Veracruz para la plaza pública; hace frente con casas del Alférez Don Miguel de Zamora y con casa de los curas propios de este partido, con calidad que cuando ocurriere el fallecimiento de la otorgante, ha de dar 150 pesos de ayuda para pagar su funeral.
Juan de Thormes, vecino y mercader del pueblo de Jalapa, vende al Capitán Francisco García de Mendoza, vecino de la ciudad de la Nueva Veracruz, una negra esclava nombrada Teresa, de 30 años más o menos, mediana de cuerpo, de buenas carnes, que compró a Sebastián Díaz de Acosta, vecino de este pueblo, el 24 de julio de 1693. La venta se hace libre de censo, empeño e hipoteca en 200 pesos de a 8 reales cada uno que por su valor ha recibido.
Diego de la Torre Arnate, Síndico del Convento del Señor San Francisco de este pueblo de Jalapa, pareció en virtud de la patente expedida por el Padre Fray Clemente de Ledezma, de la religión de San Francisco, ex lector de Filosofía y Ministro Provincial del Santo Evangelio en la Ciudad de México. De la otra parte parecieron Sebastián Díaz de Acosta, patrono de la capellanía de misas que instituyeron y fundaron Diego González y su mujer Mariana de Astudillo, abuelos legítimos de dicho patrono, y asimismo padres que fueron del Licenciado Diego González de Astudillo, poseedor que fue de dicha capellanía. Para lo cual dicho Diego González y su mujer impusieron 1, 000 pesos de oro común sobre sus bienes con hipoteca a favor de Alonso García de la Torre, vecino que fue de este pueblo, correspondiéndole a éste 50 pesos de réditos anuales, y el cual fundó capellanía de misas en dicho convento de San Francisco de este pueblo, por cláusula testamentaria. Y por fallecimiento en 1692, de Diego González, hasta el presente no se han podido recaudar más que 36 pesos en un año, lo que perjudica a dicho convento en 14 pesos por cuya razón se procedió a hacer las diligencias de embargo de dichos bienes; ante esta situación, Diego de la Torre Arnate como Síndico, Sebastián Díaz de Acosta como capellán, y el Licenciado Miguel Pantaleón Díaz de Acosta, su hijo coincidieron en un acuerdo que se menciona en esta escritura. Declarando dicho Síndico que el pedimento para ejecución fue por 400 pesos de oro corridos de dichos censo, lo cual es un error pues sólo se restan 14 pesos anuales lo cual da 196 pesos hasta la fecha, más 60 pesos de costas y diligencias, importando 156 pesos, habiendo pagado 50 pesos dicho Pantaleón, y lo restante se pagará en dicho convento como está mencionado en la escritura.
Sebastián Díaz de Acosta, vecino del pueblo de Jalapa, otorga en arrendamiento al Capitán Bartolomé de Castro, de la misma vecindad, un molino y 2 caballerías de tierra que tiene en términos de este pueblo, por 3 años y le ha de pagar 50 pesos de oro común por cada año.