Francisco Estupiñán y Francisco Luis, españoles residentes en esta provincia, formaron una compañía para el trato en el género que les pareciere:el primero puso una mula, siete caballos, 130 cabras, valoradas en 284 pesos, y 1300 pesos en reales; el segundo puso 10 mulas aparejadas apreciadas en 400 pesos, más cuatro caballos, un negro llamado Manuel, de tierra Congo, y una negra llamada Catalina, de nación Angola, valorados en 1 184 pesos de oro común.Dicha compañía se hizo por tiempo de cuatro años, y al término de los mismos se partirían las ganancias o pérdidas por mitad.
Magdalena de Tejeda y su hijo, Rodrigo Hernández, vecinos de Jalapa, se obligaron a pagar a doña María de Esquivel, hermana y tía de los susodichos, vecina de este pueblo, 200 pesos de oro común por razón de otros tantos que le prestó en reales de contado, para el fin del mes de mayo venidero de 1612. Para la seguridad de esta escritura los deudores hipotecaron un negro llamado Alonso, dos negras llamadas Catalina y Gracia, y una Venta llamada de los Naranjos en está jurisdicción a favor de doña María de Esquivel.
Sebastián Méndez Fajardo, maestro mayor de las obras de cantería de las casas de cabildo de esta ciudad, otorgó poder cumplido a su mujer, Ana de Alfaro, vecina de Jalapa, para que pueda vender en su nombre una esclava negra nombrada Catalina, de nación Angola, de 18 años de edad, por esclava cautiva, sin asegurarla de ninguna tacha.
Juan de Marmolejo Tinoco, heredero universal de su padre, Juan de Marmolejo Tinoco, difunto, como principal deudor, y Ana de Alfaro, viuda, vecina de Jalapa, como su fiadora, se obligaron a pagar a Diego González, Síndico del Convento de San Francisco de Jalapa, y el fiscal de misa, de cuerpo presente, acompañamiento de todos los religiosos, novenario de misas cantadas y ofrendadas, cantores, honras, el hábito del seráfico padre San Francisco, y lo demás necesario, del funeral de Juan Marmolejo Tinoco, para la fecha de esta escritura, en 40 días primeros siguientes, puestos en Jalapa. Con declaración, que para la seguridad de la paga quedaron depositados y embargados en poder de Ana Alfaro, una negra llamada Catalina y su hijo nombrado Hipólito.
Don Diego de Medrano, y su esposa, Doña Magdalena de Rivera y Avendaño, vecinos de la ciudad de México y residentes al presente en este pueblo, venden al Alférez Cristóbal Martín Matamoros, vecino de Jalapa, una negra criolla llamada Catalina, de 26 años de edad, que es de la dote de Doña Magdalena, libre de hipoteca, empeño y enajenación, sin falta ni defecto alguno, por el precio de 400 pesos de oro común.
Catalina de Villafuerte, viuda de Hipólito Hernández, vecino que fue de Jalapa, vende a Juan Díaz Matamoros, vecino de esta provincia, una esclava mulata llamada Catalina, criolla, de 2 años de edad, poco más o menos, por el precio de 100 pesos de oro común.
Cristóbal Jiménez, estante en Jalapa, vende a Juan de las Ruelas Machuca y a Inés Núñez, su mujer, una esclava negra nombrada Catalina, de tierra Biafara, en 230 pesos de oro común.
Juan del Moral, vecino de Jalapa, dio su poder cumplido a Tomás de la Calleja, su hermano para que en su nombre venda de contado o fiado, al precio que hallare, un negro llamado Felipe, criollo de Cabo Verde, que hubo de Pedro Amado; y una negra llamada Catalina, de 18 a 20 años de edad, y otorgue las escrituras de venta que le fueren vendidas.
Francisco de Acosta, mercader de negros, vende a Sebastián Méndez Fajardo, vecino de Jalapa, una negra esclava llamada Catalina, de nación Angola, de 16 años de edad, poco más o menos, libre de hipoteca, empeño ni enajenación, por el precio de 380 pesos de oro común.
Sebastián Méndez Fajardo, vecino de Jalapa, se obligó a pagar a Francisco de Acosta, mercader de negros, 380 pesos de oro común, precio de una negra llamada Catalina, de nación Angola, en esta manera: 100 pesos para el fin del mes de abril del presente año y los 280 restantes para el fin de marzo de 1614.