Don Francisco Rizo, vecino del Desierto de Perote, jurisdicción de Jalacingo, vende a los hijos y herederos de Diego de Huesca, difunto, y de Doña Inés Rodríguez Lovillo, su mujer, vecino de Perote, un potrero de tierras de su propiedad nombrado Mecacalco, ubicado en dicha jurisdicción; linda por una parte con el pueblo de Zapotitlán, y por las demás con tierras realengas; libre de censo, empeño, hipoteca y otro gravamen, por el precio de cien pesos de oro común.
Antonio Huesca y Diego Huesca, hijos de Nicolás Huesca, difunto, dijeron que su padre poseyó un solar en este pueblo, con 25 varas de frente y 53 de fondo, linda al oriente con casa y solar de Nicolasa de Vargas, al poniente con casa y solar de Juan Francisco de Campos y con un callejón en medio de 3 varas de ancho, al norte con la misma casa y solar de Nicolasa de Vargas y al sur con Domingo Luis, propiedad que venden a Pedro Rodríguez y a sus hijos Antonio José Rodríguez, Teodoro Antonio Rodríguez y Dorotea Jesús Rodríguez. La venta se hace en 55 pesos de oro común.
Don Manuel Eugenio de Acosta, vecino del pueblo de Naolinco, otorga poder especial a don Diego de Huesca, vecino de la ranchería de la Pileta del Camino Real, doctrina de Tlacolulan, para que venda un esclavo negro nombrado José Ramón de 11 años, casta criolla, en la cantidad que ajuste.
Juan Olivares, Alguacil Mayor de Jalacingo y de Teziutlán, vecino del desierto de Perote, dio su poder cumplido al Padre Fray José de Moya, Procurador del Convento de Santo Domingo de la ciudad de Los Ángeles, para que como fiador juntamente con Diego de Huesca, vecino del desierto de Perote, otorgue escritura de compra a censo redimible a los religiosos de Santo Domingo y a las religiosas de Santa Teresa de la ciudad de Los Ángeles, de una hacienda de labor nombrada Segueta, ubicada en el desierto de Perote, y las tierras del trapiche nombrado Zapotitlán, en la jurisdicción de Jalacingo, la cual fianza ha de hacer hasta en la cantidad de 2500 pesos.