Don Pedro de Espinosa de los Monteros, vecino de la nueva Veracruz, como principal obligado, y Jacinto Marín, vecino del desierto de Perote, como su fiador, se obligaron a pagar a Su Majestad y en su nombre al Señor Don Fernando Desa, Juez de Tributos y Azogues, 437 pesos y 4 reales de oro común, por otros tantos que valieron y montaron 35 cabezas de ganado de cerda y 63 cargas de trigo pelón, a razón de 8 pesos cabeza y a 2 pesos 4 reales la carga, en un plazo de tres meses, a partir de hoy día de la fecha.
Don Juan Onofre Florido, vecino del pueblo de Jalapa, otorga en donación a doña Antonia Margarita Castañón, su prima, de la parte que le corresponde de un sitio, estancia y caballería, el cual corresponde al que heredó de su padre don Roque Jacinto Florido, mismo que su bisabuelo, don Jacinto Marín compró, del cual fue despojado violentamente por los 4 nietos del citado Jacinto Marín.
Juan Bello Toscano, vecino de Altotonga, y María Alvarez, su legítima mujer, venden a Jacinto Marín, vecino del desierto de Perote, un sitio de ganado menor y una caballería de tierra, ubicados en el desierto de Perote; donde llaman El Rincón de Vergara, el cual linda por el norte, con el Monte[Paraje] de Anenecuilco; al sur, con tierras de Pedro Alvarez; al Oriente, con tierras del Capitán Antonio Beltrán; y por el Poniente, con tierras que fueron de Francisco Méndez, difunto, en el precio de 100 pesos de oro común.
Isabel González de Sosa, vecina de Jalacingo, dio su poder cumplido a su yerno Jacinto Marín, vecino de este pueblo, para que en su nombre comparezca ante las justicias del pueblo de Papantla, y llame a cuentas a los herederos y administrador de la hacienda de ganado mayor nombrada Mesa Chica, situada en aquella jurisdicción, que fue de sus padres.