Luis de Oliveros, Clérigo Presbítero beneficiado de Tequila, otorga poder general a Hernando de Chávez.
Juan de Pastrana, vecino de la ciudad de los Ángeles, se obliga de pagar a Hernando de Chávez, 2 000 pesos de oro común, los cuales son los que el susodicho y doña María de Oliveros, su mujer, le vendieron por un sitio de molino y batán que está en términos de la dicha ciudad.
Hernando de Chávez y doña María de Oliveros, su mujer, venden a Juan de Pastrana, vecino de la ciudad de los Ángeles, un sitio de molino y batán, ubicado en términos de la ciudad de los Ángeles, bajo un molino que junto tiene Juan de Medina, sobre el que están impuestos y situados 2 000 pesos de oro común, 1000 de ellos se pagan al deán de la ciudad de los Ángeles y los otros 1000 a los indios de la ciudad de Cholula.
Hernando de Chávez, dueño de recua, vecino de la ciudad de México, dijo haberle quitado a Andrés Martín, vecino de Jalapa, una mula que le hurtaron; y el referido Andrés Martín, a su vez, dijo haberla comprado en 12 pesos a Gabriel Jiménez, dueño de recua, vecino de las Minas de Tlalpujahua, junto a la laguna de este pueblo; ambos se convirtieron en esta forma: Andrés Martín entregó la mula a Hernando de Chávez, y éste le dio carta de lasto para cobrar los dichos 12 pesos a Gabriel Jiménez, en cualquier tiempo y donde se hallare.