Don Agustín García Campomanes, vecino de este pueblo de Naolinco, con poder para testar de su difunta esposa doña Margarita Pérez, procede a otorgar testamento. Declara que tuvo por hijos a Pedro Antonio, casado con doña María de Guevara; Ana Sebastiana, casada con Manuel de Acosta; doña María Ignacia, casada con Esteban Paut y Ramírez; Francisco de 9 años y Antonio de 17 años. Fue nombrado junto con el hermano de la difunta, José Pérez, como albacea testamentario. Nombra como herederos universales a sus hijos.
Don Francisco Javier López, vecino de Jalapa, Mayordomo de la Cofradía de la Pura y Limpia Concepción, con licencia del señor Gregorio Fentanes Cura y Rector de la misma, vende a doña Juana Maldonado, esposa de don Manuel Licona, dos pedazos de tierra; el primero tiene 75.5 varas de frente y 38 de fondo, linda por el frente con calle de San Francisco de Paula, alias de Aburto, al sur con tierras de la misma cofradía, al poniente con solar de Diego José Trigos, y al norte con solar de doña María de Guevara. El otro pedazo de solar es de figura triangular, se desune de la calle de San Francisco, por donde hace frente, mide 50 varas de frente en sus lados mayores y 20 de fondo, ambos los vende en 306 pesos.
Doña María de Estupiñán, viuda, vecina de Jalapa, vende a Juan Antúnez y a su mujer María de Guevara, un rancho de sembrar maíz, sitio y tierras, ubicado a un cuarto de legua de Jalapa, por el camino que va a la Cañada, que le vendieron Diego Martín Castellano y Doña Francisca de Angulo, el 4 de mayo de 1674 en la ciudad de México, con sus casas, corrales, 7 yuntas de bueyes, otros 8 bueyes, 11 vacas, 9 novillonas de año, 2 carretas, 5 barrenas, 4 hachas, 5 tencoles y otros aperos; libre de hipoteca, en el precio de 400 pesos de oro común, de los cuales 200 pesos quedaron cargados a censo redimibles sobre dicho rancho, con la obligación de pagar una renta de 10 pesos anuales.
Luis Antúnez, residente del pueblo de Jalapa, hijo legítimo de los difuntos Juan Antúnez y María de Guevara, junto con Juana de Aguilar, su esposa legítima, realiza su testamento, en el cual designan por albacea y heredero a Juan Germán, su sobrino.
Antonio García de Baldemora, vecino del pueblo de Jalapa, consorte de María de Guevara, dijo que atendiendo a la virginidad que trajo al matrimonio y a las partes y calidades de su persona, en obsequio de todo ello y para que tenga un principal propio y seguro para la congrua sustentación, dota a su mujer con 200 pesos de oro común sobre todos sus bienes los cuales declara caben en la décima de ellos, como aparece en los inventarios y avalúos que judicialmente ha hecho, cuya cantidad goce con el mismo privilegio que le será dado conforme a derecho para que sea en remuneración del trabajo en la crianza de los hijos que tiene.
Antonio García de Baldemora, vecino del pueblo de Naolinco, hijo legítimo de Pedro García de Baldemora y de Juana Domínguez, otorga su testamento donde declara no debe a ninguna persona, sólo 30 pesos a los alcaldes. Sus bienes los tiene registrados bajo inventario en el que se omitió el registro de 1, 000 pesos con que se hallaba. Declara que Marcos de Acosta le es deudor de 300 pesos por 50 vacas de la hijuela de su mujer, a quien se las dio en confianza sin escritura, asimismo le debe 200 pesos del resto de una cantidad mayor. Fue casado con Catalina de Acosta, quien trajo a su poder lo que consta en el inventario, tuvieron 7 hijos. Pasó a segundas nupcias con María de Guevara; ésta trajo a su poder ropa y ajuar de casa lo que consta por la hijuela que se le dio; con ella tuvo un hijo. Manda se le dé a 3 de sus esclavas 10 pesos. Nombra por sus albaceas a Antonio y José, sus hijos, a quienes nombra también tutores y curadores de sus menores hijos del primer matrimonio y de su segundo matrimonio a su mujer. Como herederos nombra a todos sus hijos por partes iguales.
Pablo de León y Molina, religioso donado de la Orden de San Francisco, residente en este convento, casado en primeras nupcias con Micaela Peralta y en segundas con María de Guevara, otorga su testamento en donde nombra por albaceas y herederos a sus hijos José, Nicolás y Manuel junto con otros 3 de su segundo matrimonio.
José Antonio García Baldemora, vecino del pueblo de Naolinco, hijo legítimo de Antonio García Baldemora y doña María de Guevara, difuntos, vende a don Francisco Antonio Domínguez Muñiz, vecino de este pueblo, una negra de nombre Luisa Gertrudis de 15 años de edad, en precio de 350 pesos de oro común.
Doña Josefa Nicolasa de Acosta, viuda del Capitán Nicolás de Guevara, vecina de Jalapa, dijo que otorgó una obligación por 361 pesos a don Ventura de Taranco y Gortazar, que le debía de harinas, cantidad que dicho Ventura libró contra la otorgante a favor de don Juan Esteban de Elías para que le fuese satisfaciendo, de lo que sólo pudo entregar a cuenta más que 100 pesos debido a su avanzada edad y suma pobreza, restándole 161 pesos, por lo que propuso a su acreedor se contentase con una obligación para que de sus bienes les satisfagan sus herederos, por lo que Ventura declaró que le hacía donación del resto a María de Guevara, nieta de la otorgante; por lo dicha Josefa Nicolasa, a través de este codicilio manda a sus herederos paguen la cantidad señala a su nieta María de Guevara.
Doña María de Guevara, vecina de Jalapa, viuda de don Julián Rodríguez, otorga que ha recibido de don Pedro Antonio Rodríguez, de esta propia vecindad, como albacea de don Vicente Fernández de Baldimo, la cantidad de 200 pesos que pertenecen a los hijos de dicho don Vicente Fernández, los que se obliga a tener en depósito irregular hasta que alguno de los herederos salga de la minoría de edad o esté por derecho habilitado, contribuyendo con el 5 % anualmente, y para seguro pago de la deuda hipoteca una casa de paredes techada de madera y tejas que posee en el barrio del Chorrito, linda al sur con la calle que llaman de San José, del otro lado con solar de los herederos de don Joaquín Ildefonso de Torquemada, al oriente con casa de José Antonio Bremon, al fondo con solar de Juan Licona y al poniente con casa y solar en que vive don José María Alfaro.