Testamento de Juan de Aguilera, vecino de Coatepec, natural de la ciudad de Cádiz, maestro de calderero, hijo legítimo de Bartolomé de Aguilera y de María Jiménez, vecinos que fueron de la ciudad de Cádiz.
Codicilio de Francisco de Orduña Guzmán, vecino de Jalapa, por el cual declaró que siendo administrador del Ingenio de Pacho, Antonio de Dueñas, mercader, vecino de la nueva Veracruz, le dio en hierro para el dicho ingenio 125 pesos, mismos que no se le han pagado hasta el día de hoy; asimismo, dijo que Juan de Aguilera, maestro calderero, vecino de esta jurisdicción, le es deudor de 140 libras de cobre viejo, a dos reales y medio, y a tres reales la libra, que ha sido su precio corriente.
Juan de Aguilera, maestro del oficio de calderero, vecino de Coatepec, natural de la ciudad de Cádiz, en los reinos de Castilla, dio su poder cumplido al Doctor Don Francisco Centurión de los Cameros, Prebendado y canónigo de la Santa Iglesia Catedral de la ciudad de Cádiz, a Don Gregorio Jacinto de Figueroa y Pasos, y a Don José de Zeberri y Lisasoain, vecinos de dicha ciudad, para que en su nombre y generalmente para en todos sus pleitos, causas civiles y criminales, y para que judicialmente, hayan y reciban las casas que dejó su madre María Jiménez en la ciudad de Cádiz, y otros bienes que le pertenezcan por herencia, y para que puedan arrendar o vender sus bienes, por los precios y plazos que por bien tuvieren.
José Gómez de Arévalo, vecino de esta villa de Córdoba, y Josefa García, su mujer, con licencia del susodicho, ambos en mancomún, dijeron que tienen por propia una casa baja de piedra y madera, cubierta de teja, que fabricaron durante su matrimonio en medio solar de a 25 varas de frente y 50 de fondo, que el dicho José heredó de Jerónima de Sierra, su sobrina; ubicada en esta villa, en la calle que de la plaza Pública sale para el camino real de la Veracruz, que por una parte linda con casa de Juan de Aguilera; por la otra con casa de los herederos de Benito Caravallo; y hace frente con el mesón de esta dicha villa. La venden a doña María de Madrid, mujer del Teniente don Esteban de Naval y Pintos, con sus entradas, salidas, usos y costumbres, libre de empeño, enajenación e hipoteca, al precio de 700 pesos de oro común de a 8 reales de plata cada uno.
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