Don Juan de Castro, para la dicha información presentó por testigo a Don Domingo de Oliver, español, vecino de Jalapa, y siendo preguntado, dijo que conoció a José López Osorio, a sus padres Don José López Osorio y Doña Francisca Domínguez de Arellano, los cuales fueron marido y mujer legítimos, y en su matrimonio procrearon como tal hijo a José López Osorio; no conoció a sus abuelos paternos, pero sí a sus abuelos maternos Don Alonso Domínguez y Doña Felipa de Arellano, que fueron españoles, cristianos viejos y limpios de toda mala raza de moros, judíos, ni de los nuevamente convertidos a nuestra Santa Fe Católica, ni penitenciados por el Santo Oficio de la Inquisición.
Para la dicha información, Don Juan de Castro, presentó por testigo al Capitán Don Lorenzo Romero Jurado, español, vecino de Jalapa, y siendo preguntado dijo que conoció a José López Osorio, a sus padres Don José López Osorio y Doña Francisca Domínguez de Arellano, su legítima mujer, y en su matrimonio tuvieron y criaron por su hijo legítimo a José López Osorio; y cuanto a la línea paterna, no conoció a sus abuelos; pero en relación con la materna, conoció a Don Alonso Domínguez y a Doña Felipa de Arellano, y sabe que sus padres y abuelos todos fueron españoles legítimos, cristianos viejos y limpios de toda mala raza.
Bartolomé de Lecea[Elisea], vecino de Jalapa, dijo que él y su mujer María de la Cruz [de Villanueva], difunta, vendieron a Felipa de Arellano, vecina de Jalapa, un pedazo de solar con 47 varas que corren desde una cerca de piedra seca que está a la parte de solar y casa de Francisca de Valladares, donde linda con solar y casa del otorgante que está en la calle real que va de la plaza para la nueva Veracruz, en el precio de 40 pesos de oro común, sin embargo, no le dieron escritura por la muerte de la dicha María de la Cruz y en consecuencia de nuevo le vende dicho solar en los referidos 40 pesos de oro común.
Felipa de Arellano, vecina de esta provincia, viuda de Alonso Domínguez, vende a Doña Mariana de la Gasca, viuda de Sebastián García Adán, vecina de Jalapa, una negra esclava nombrada Teresa de Jesús, de 30 años de edad, de nación[tierra] Angola, libre de hipoteca, empeño y otra enajenación, la cual hubo de Don Ramiro de Córdoba y Arellano por una manda de 300 pesos que le hizo en cláusula de su testamento, cuya donación se verificó el 9 de abril de 1653 en la nueva ciudad de Veracruz; sin asegurarla de ninguna tacha, vicio ni enfermedad, por el precio de 200 pesos de oro común.
Doña Felipa de Arellano, vecina de Jalapa, viuda de segundo matrimonio de Don Francisco de Orduña Guzmán, dijo que estando para irse a vivir con su familia para la ciudad de la Nueva Veracruz, de su casa le ha faltado Antonia de Orduña, su hija, doncella de 16 años, y aunque se ha detenido haciendo diligencias en su busca, no ha podido descubrir la parte donde se oculta, ni quién le sacó de su casa, ocasionándole a exceso tan grave con poco temor de Dios y en menosprecio de la Real Justicia, y para alcanzarla de la persona o personas que hubieren delinquido en semejante delito, o inquietado a su hija. Y respecto de no poder aguardar ni asistir en este pueblo, dio su poder cumplido al Ayudante Martín Ventura de Gorospe, vecino y mercader de Jalapa, para que haga y siga la querella y pleito, en la forma que más convenga. Y generalmente, para en todos sus pleitos, causas civiles y criminales que al presente tiene o adelante tuviere.
Bartolomé de Lecea, vecino de Jalapa, vende a Antonia Moreno de Sumasa, soltera, de color pardo, vecina de este pueblo de Jalapa, un pedazo de solar de 13 varas y media de frente y 41 de fondo, ubicado en la Calle Real que va de la plaza para la Veracruz, linda con la cerca y casa en que al presente vive el otorgante; y por la otra, con la de Felipa de Arellano, viuda, con todo lo que le pertenece; libre de tributo, censo, hipoteca y otra enajenación, por el precio de 35 pesos de oro común.
Doña María Domínguez de Arellano, vecina de esta ciudad, prestando voz y caución por José López Osorio, su sobrino, vecino de la Villa de Valladolid, en la provincia de Yucatán, otorga su poder cumplido a Don Juan de Castro, vecino de Jalapa, para que en su nombre parezca ante la real justicia de dicho pueblo, y pida se le reciba información de cómo el dicho José López Osorio, es hijo legítimo de Don José López Osorio y de Doña Francisca Domínguez de Arellano, y nieto por línea paterna de Don Francisco López y de Doña María Osorio, vecinos que fueron de la ciudad de México; y por la línea materna, de Don Alonso Domínguez, natural que fue de Ayamonte, y de Doña Felipa de Arellano, natural y vecina que fue de esta ciudad. Y de cómo José López Osorio, sus padres y abuelos paternos y maternos, fueron y son españoles, cristianos viejos, y limpios de toda mala raza.
Para la dicha información, Don Juan de Castro presentó por testigos a Don Felipe Rodríguez Cabaco, español, vecino de Jalapa, y siendo preguntado dijo haber conocido a José Lopez Osorio, así como a sus padres Don José López Osorio y Doña Francisca Domínguez de Arellano, marido y mujer legítimos, durante su matrimonio tuvieron entre otros hijos a José López Osorio; no conoció a su abuelo paterno, pero sí a su abuela Doña María Osorio; y por la línea materna, conoció a sus abuelos Don Alonso Domínguez y a Doña Felipa de Arellano, todos fueron españoles legítimos, cristianos viejos y limpios de toda mala raza.
Ante el Capitán Don Nicolás Alejandro de Meza, Alcalde Mayor de Jalapa y de Jalacingo, Don Juan de Castro, vecino de este pueblo, en nombre de Doña María Arellano, como tía de José López Osorio, vecino de la provincia de Yucatán, solicitó se le reciba información de como José López Osorio es hijo legítimo de Don José López Osorio y de Doña Francisca Domínguez de Arellano, vecinos que fueron de esta jurisdicción; y de cómo nieto por línea paterna de Don Francisco López y de Doña María Osorio, vecinos que fueron de la ciudad de México; y por línea materna, de Don Alonso Domínguez, natural de Ayamonte, y de Doña Felipa de Arellano, natural de la nueva ciudad de Veracruz, y cómo todos fueron españoles, cristianos viejos, limpios y sin raza ni nota alguna de moros, judíos, ni de otro nuevamente convertido a nuestra Santa Fé Católica,ni penitenciados por el Santo Oficio.