El Capitán Don Antonio de Dueñas, mercader, vecino de la nueva ciudad de Veracruz, estante en este pueblo, dio su poder a José de Castro, vecino de Jalapa, para que en su nombre pida, reciba y cobre, todas las cantidades de pesos de oro, plata, joyas, esclavos, ganados y otros bienes que le debieren; y generalmente, para en todos sus pleitos, causas civiles y criminales que tiene o adelante tuviere.
El Capitán Don José de Ibelli, residente en este pueblo, en nombre y con poder de Doña Mariana de Iturbe y Ubera, viuda, mujer que fue del Capitán Don Antonio de Dueñas, de la una parte; y de la otra, don José de Castro, vecino de Jalapa, uno de los dueños del ingenio nombrado San Sebastián Maxtlatlán que quedó por bienes del Capitán Don Fernando Ruiz de Córdoba y Arellano, hicieron y ajustaron sus cuentas, y el primero alcanzó al segundo en 1540 pesos de oro común en géneros, reales y avíos que suplió para el dicho ingenio desde 1674 hasta el 6 de agosto de 1677, los cuales pagará Don José de Castro a razón de 100 pesos anuales, a partir del 6 de agosto del presente año, una paga en pos de otra, más los réditos que desde dicho día rentaren los principales de las partes y porciones en que sucedió el Capitán Don Antonio de Dueñas, de 2090 pesos 6 tomines y 2315 pesos, cargados sobre dicho ingenio.
El Capitán don Salvador de Acosta, el Sargento don Felipe Cornelio Acosta, don Félix José de los Reyes, don Domingo Pérez, don Felipe de Rivera, don Juan de Rivera y don Manuel de Acosta, vecinos del pueblo de Naolinco, junto con don José de Castro, vecino del pueblo de Jalapa, otorgan poder especial a don Francisco Antonio Domínguez Muñiz, vecino de este pueblo, para que los obligue como fiadores en el remate de los diezmos caseros de los curatos de Naolinco, Tlacolulan y Misantla, haciendo posturas, pujas y mejoras, comprometiéndose a pagar a la iglesia catedral de la Ciudad de los Ángeles, señores jueces, acreedores de su cofre y masa general, las cantidades de pesos en que se rematen dichos diezmos.
Don José Mariano de Acosta, vecino del pueblo de Jalapa, hijo y heredero de don Felipe de Acosta, otorga que recibió de José de Castro y de Laureano Fernández de Ulloa, la cantidad de 1, 067 pesos, 1 real y 3 granos, por concepto de tutela.
Ángela de Quiroz, viuda de Blas Ramírez, vecina del pueblo de Jalapa, vende a Tomás de Acosta, español y vecino de este pueblo, una casa con solar, de madera y techada con tejas, el solar mide 11 varas y media de frente y 63 varas de fondo, linda al norte con la Calle de Tecuanapa y casas que fueron del Capitán don Andrés Monares de Vargas, al oriente con casa de don José de Castro, al sur con solar de Blas Rodríguez y al poniente con casa y solar de Clara de Quiroz, viuda de Juan Ruiz, al precio de 122 pesos y 7 reales.
Don José de Castro, dueño de mulas y vecino del pueblo de Jalapa, albacea del difunto don Felipe de Acosta, recibe a censo 200 pesos de oro común de principal de los bienes de dicho difunto o de la Cofradía de las Ánimas, mismos que se obliga a pagar dentro de 5 años, dando 10 pesos anuales del rédito que le corresponden a razón de 5% al Mayordomo de dicha Cofradía don José Antonio de Acosta, y para mayor seguridad de esta deuda, hipoteca unas casas de su propiedad, ubicadas en este pueblo, que lindan al poniente con la Calle de la Soledad y casas de don Juan de Quiñones, Alguacil Mayor, al norte con casas de Teodora Josefa Mojica, al oriente con casas de don Juan Antonio de Arce y Arroyo, y al sur con casas de don José Antonio Matamoros.
Don José de Castro, vecino de este pueblo de Jalapa, dueño de recua, otorga libertad a Bernabela Antonia, mulata blanca de 10 años de edad, esclava nacida en su casa, hija de Paula García, mulata aindiada, cuya libertad le da por 90 pesos que pagó por la susodicha el Señor Licenciado don José de Estrada, Cura de Actopan de la jurisdicción de la Antigua Veracruz.
El Licenciado Ignacio Javier de Campo, Cura, Vicario y Juez Eclesiástico de la doctrina del pueblo de San Antonio Huatusco, jurisdicción de la Villa de Córdoba, residente en el pueblo de Jalapa, vende a don Domingo Franco y a don José de Castro, vecinos de este pueblo, una casa de piedra y lodo, cubierta de madera y tejas, con el solar en que fue labrada, el cual mide 60 varas de frente y 65 varas de fondo, linda al oriente con la calle que baja de las gradas para el molino y la que sesga desde dichas gradas del Convento de San Francisco para los callejones de Patricio José de Santamaría, al poniente con casa y solar de don Juan Alonso de Castro, suegro y padre de los compradores, al norte con la calle que baja de las gradas de la ermita de Santiago y al sur con solar y casa de Teodora Josefa Mojica, en la cantidad de 460 pesos.
Don Bartolomé Salvo, vecino del pueblo de Jalapa, Teniente Reformado de Milicias, con poder que le otorgó a su favor don Alonso José Fernández, vende a don Manuel Bañares, vecino de este pueblo, un solar cercado de piedras que mide 22 varas de frente y 34 varas de fondo, el cual contiene un jacal de rajas, teja y cerca de piedras, linda al norte con la Calle Nueva y casas que fueron de María de Acosta, al oriente con la Calle Nueva, casa de Nicolás de Ortega, y casa que fueron de Esteban Mojica y hoy son de José de Castro, al sur con casa y solar de don Antonio de Campo y al poniente con casa de los herederos de don Tomás García, en la cantidad de 500 pesos.
Felipe de Acosta, vecino de este pueblo de Jalapa, hijo legítimo de Manuel de Acosta, difunto, y doña Pascuala Díaz de Acosta, viva, casado en primeras nupcias con María Casilda de Aguilar, difunta, y en segundas nupcias con doña María de la Barreda, viuda de José de Guevara, otorga su testamento; nombra como albaceas testamentarios a José de Castro, su compadre, vecino de este pueblo, y a Manuel de Acosta, su primo, y como herederos universales a Juan Antonio de 16 años, José Mariano de 14 años, Manuel José de 12 años y José Joaquín de 8 años, sus hijos legítimos del primer matrimonio.