Alonso García, herrero, mestizo, entra a servicio y soldada con Gabriel de Huerta, herrero, por tiempo y espacio de tres años, ganando un salario de 60 pesos anuales de oro común.
Alonso García, vecino de Altotonga, dio a Bartolomé González y a su mujer, María de Pinedo, 30 pesos de oro común para que se apartaran de pleitos y lo dejaran en la libre posesión de ciertas cabras.
Diego Martín, vecino de Jalapa, vende a Diego Nuñez, vecino de este pueblo, un negro esclavo nombrado Manuel, de nación Angola, de 20 años de edad, que hubo y compró el Lic. Alonso García, presbítero, por escritura ante Diego Cortés de Brito, escribano público de Los Ángeles; sujeto a servidumbre, libre de empeño, hipoteca y enajenación, sin asegurarlo de tacha, defecto ni enfermedad, por el precio de 250 pesos de oro común; y el comprador se obligó a pagarlos de esta manera: la mitad para hoy día de la fecha en 2 meses, y la otra mitad, para allí en otros 2 meses, con las costas de la cobranza.
Petrona Díaz, hija legítima de Juan de Quiroz y de Francisca de Yépez, contenida en la cláusula del testamento de Alonso García de la Torre, difunto, en razón del vínculo que dejó en unas casas, se obliga de mandar decir dos misas cada mes conforme a lo dispuesto por su abuelo Alonso García.
Juan de Quiroz, estante en su ingenio de azúcar llamado San José, donde llaman Zoncuantla y Santiago, y en nombre de Luis de Benavides Albacete, su socio en el referido ingenio, vende al bachiller Juan de Quiroz, Alonso García, el mozo, y a Lázaro Francisco, empleados de su hacienda, un sitio de potrero, ubicado en el Valle de Zoncuantla, linda con caballerías de tierra de esta hacienda y con el río de Zoncuantla, por el precio de 1 000 pesos de oro común.
Inés de Reynoso, vende a Alonso García, vecino de Jalapa, toda la piedra que tiene en una casa en 30 pesos de oro común.
Ana de San Cristóbal, vende a Alonso García, vecino de Jalapa, unas casas ubicadas en la calle Real del citado pueblo, en 120 pesos de oro común.