Juan Fernández de la Calleja, vecino de la ciudad de Los Angeles, residente en Jalapa, dio su poder cumplido a Juan Argaiz, vecino de Jalapa, para que en su nombre cobre de todas las personas que le deban alguna cantidad de pesos, oro, plata, joyas, esclavos y otros bienes.
Juan Fernández de Calleja, criador de ganado mayor, vecino de la ciudad de Los Ángeles, dio su poder cumplido al Lic. Don José de la Peña Tejeda, clérigo, presbítero, y a Juan Gómez Ortiz, para que en su nombre sigan y fenezcan en todos grados e instancias el pleito contra Bernarbé Bravo por haber faltado al cumplimiento de ciertas condiciones en la compañía que formaron en los frutos y esquilmos de la hacienda de ovejas de Don Francisco y Don Carlos de Luna y Arellano, y en los de una hacienda de labor nombrada San Mauricio.
El Capitán Benito Fernández de la Calleja, hijo legítimo de don Juan Fernández de la Calleja y de doña Isabel Mogollón, difuntos, natural de Misantla vecino de Jalacingo, otorga su testamento haciendo las mandas acostumbradas. Deja 50 pesos para ayuda de la obra de la capilla de la tercera orden de Teziutlán. A sus sobrinas Micaela de León y Petrona López, les deja 50 pesos a cada una. Declara fue casado dos veces, la primera con doña Juana Jerez Tavera, cuya dote consta en escritura, y en segundas nupcias con María de las Nieves Bello, quien no trajo dote y él la dotó con 1, 000 pesos, que ahora resulta grave perjuicio para sus hijos y es su voluntad se disponga reducir dichas arras. Tiene entre sus bienes la hacienda de ganado mayor nombrada Tulapa en la doctrina de Santa María Tlapacoya, un trapiche nombrado Maluapa, varios esclavos, el rancho nombrado San José, 875 pesos que le debe don Miguel Morales, entre otros bienes. Nombra como albacea al Bachiller Jacinto Zapata, su primo, y a don Manuel Antonio Casados, su sobrino, y como herederos nombra a sus hijos.
Juan Fernández de la Calleja, vecino de la jurisdicción de La Antigua Veracruz, dijo que habrá 6 meses le hurtaron una mula herrada con su hierro, la cual se la vieron a Lázaro Martín, vecino de Xicochimalco, y éste dijo haberla comprado a José Ramírez y a Juan de San Lucas, mercaderes viandantes, vecinos de Tepeaca, en 20 pesos de oro común; pero requerido para su devolución, el referido Lázaro Martín la entregó a José Ramírez, en cuyo poder murió la mula, y queriéndola pedir, el otorgante se concertó con el susodicho para que le pague 30 pesos de oro común, en un lapso de 8 meses; atento a ello, dio poder a Lázaro Martín para que cobre y reciba de José Ramírez y Juan de San Lucas, la dicha mula o su valor.