Francisco Camacho, dueño de su recua, vecino de la provincia de Jalapa, se obligó a pagar al Capitán Sebastián de la Peña, Alcalde Mayor de Jalapa, o a Don Juan Bautista de Montemayor, vecino de la ciudad de México, o a la persona que de cualquiera de los dos tuviere poder, 247 pesos de oro común, por razón de otros tantos que el dicho Capitán le prestó en reales de contado, para fin del mes de septiembre del presente año, con las costas de la ejecución y cobranza.
El Capitán Don Sebastián de la Peña residente en Jalapa, en nombre de Don Diego de Rojas, y en virtud del poder que otorgó a Pedro Caro Muñoz, quien a su vez lo sustituyó en el dicho Capitán, traspasó y dio poder a Don Antonio de Orduña Loyando para que en su nombre reciba y cobre de Juan Martín de Abreo[Abreu] y María Rodríguez, su mujer, 532 pesos de oro común de resto de 1 200 pesos que debían a su parte, y cobrados los haya para si, por razón de otros tantos que le prestó en reales.
Ana de Alfaro, mujer legítima de Sebastián de la Peña, con licencia expresa de su marido, dio su poder cumplido a su esposo para que en su nombre reciba y cobre todos los pesos de oro, joyas, esclavos y otros bienes raíces y muebles que le debieren por herencias, bienes dotales, deudas y derechos que le competen; y los pueda vender, trocar y enajenar, a los precios y plazos que quisiere.
Juan Martín Monrresin, vecino de la ciudad de México, dueño de su recua, de partida para dicha ciudad, recibió del Capitán Sebastián de la Peña, Alcalde Mayor y Capitán a guerra de esta provincia, 3 150 pesos de oro común en reales, para llevarlos en su recua y entregarlos al Padre Fray Francisco Lorente de la Orden del Señor San Francisco, campanero del Reverendísimo Padre Confesor del Excelentísimo Señor Marqués de Villena, Duque de Escalona.
Sebastián García Adan y Mariana de la Gasca, su legítima mujer, vecinos de Jalapa, se obligaron a pagar a Sebastián de la Peña, vecino de este pueblo, o a quien su poder hubiere, 600 pesos de oro común en reales de plata doble, por razón de otros tantos que le prestó en reales de contado, en 15 meses que corren desde hoy día de la fecha de esta carta, cada 5 meses 200 pesos, con las costas de la cobranza.
Pedro de Salvatierra, juez comisario para la cobranza de la real alcabala que fue a cargo el Capitán Sebastián de la Peña, recibió de Doña Francisca de Rojas y Aguilar mujer del susodicho 120 pesos de oro común por sus salarios de la referida comisión.
El Capitán Sebastián de la Pëña, Alcalde Mayor que fue de la provincia de Jalapa, residente en ella, dio su poder cumplido a Juan Díaz de la Cueva, vecino de Jalapa, para que en su nombre reciba y cobre de cualquier persona los pesos que por escrituras, cédulas, vales, joyas, esclavos y otras cosas le deban; y para que pueda vender o trocar sus bienes muebles y raíces.
Antonio de Castro, vecino de Jalapa, salió por fiador de Domingo Gómez, vecino de este pueblo, a quien Don Sebastián de la Peña, Alcalde Mayor de Jalapa y su provincia, le dio vara de Alguacil Ejecutor, por el tiempo que fuere a ejercer dicho cargo.
Juan Martín de Abreo[Abreu], dueño de su recua, vecino de Jalapa, recibe del Capitán Sebastián de la Peña, Alcalde Mayor de Jalapa, 2 000 pesos en reales para entregarlos en la ciudad de México al Padre Francisco Lorente, franciscano, campanero del Reverendísimo Padre Confesor del Excelentísimo Sr. Marqués de Villena, Duque de escalona, para la fecha de esta carta en 15 días.
Ana de Alfaro, vecina de Jalapa, mujer legítima de Sebastián de la Peña, que al presente tiene hecho su testamento, por vía de codicilio declaró que Juan Martín de Avila, su primer marido, al tiempo de su fallecimiento dejó 500 pesos de oro común para con ellos hacer un monumento en la iglesia del Convento de San Francisco de este pueblo, y en cumplimiento de su voluntad entregó 420 pesos a Alonso del Moral, vecino de Jalapa, a efecto de fabricar dicho monumento; sin embargo, éste no se ha hecho. Y para completar los 500 pesos le ha dado 80 pesos, a Juan López del Pino, persona que tiene el poder del síndico del convento, a fin de que procure terminar el monumento, y se ponga todo esfuerzo en dicho propósito.