Baltazar Dorantes de Carranza, estante en Jalapa, dio su poder cumplido a su hijo, Sancho de Carranza, para que en su nombre pueda cobrar todos los pesos y otras cualesquier cosas que le fueren debidas en esta Nueva España.
Baltazar Dorantes de Carranza, residente en Jalapa, vende a Sancho de Carranza, su hijo, tres negros esclavos entre bozales y ladinos, llamados el uno Manuel de 15 o 16 años, otra Beatriz, Biafara, de 12 años y otra Teresa, de tierra Bran, de 12 años, por el precio de 740 pesos de oro común.
Alonso de Benavides y su tío, Baltazar Dorantes de Carranza, están de acuerdo en que si don Baltazar logra que Su Majestad le devuelva la encomienda de Tehuacán, Benavides le dará mil ducados de Castilla; y si la devolución del Mayorazgo es con sus rentas, éstas se partirán entre Alonso de Benavides y Magdalena Bravo de Lagunas, para ayuda de su dote.
Baltazar Dorantes de Carranza, tesorero que fue de la Real Hacienda en la Veracruz, se obliga de pagar al Capitán Francisco de Esquivel 118 pesos de oro común, los cuales recibió prestados.
Alonso de Benavides, vecino de la provincia de Jalatzingo, dio carta poder a Baltazar Dorantes de Carranza, para que en su nombre parezca ante Su Majestad o su Real Consejo de Indias, y pida se le restituyan la mitad de los indios de la encomienda de Tehuacán.
Sancho de Carranza, estante en Jalapa, haciendo de deuda ajena suya propia, se obligó a pagar cualquier faltante de los bienes que le fueron embargados a su padre, Baltazar Dorantes de Carranza, y depositados por instrucciones de los oficiales reales en Sebastián Díaz, vecino de Jalapa.
Alonso Benavides dio carta poder a Baltazar Dorantes de Carranza y a Andrés Dorantes de Carranza, su hijo, para que en su nombre parezcan ante su Santidad el Papa o ante un delegado suyo, suplicando se le conceda la dispensación necesaria para contraer matrimonio con su prima Magdalena Bravo Lagunas.
Baltazar Dorantes de Carranza, vecino de México, dio carta poder a Juan Vázquez del Moral, corrector de las imprentas de Su Majestad, y a su hijo, Andrés Dorantes de Carranza, para que le pidan a don Alvaro Villamanrique un libro por él escrito, sobre las grandezas de México, sus indios, reyes, sacerdotes, ritos, y ceremonias; y parezcan ante Su Majestad pidiéndole licencia para su impresión.