Ante el Corregidor don Antonio de Monroy Figueroa, compareció Diego de Córdoba, dueño de carros, quien manifestó llevar en ellos, 62 pipas de vino, en virtud de dos certificaciones firmadas por los jueces oficiales reales, don Juan Blázquez Mayoralgo y Roque de Chávez [Osorio], y tomada la razón a las espaldas por el General don Andrés Pérez Franco y Felipe de Estrada en la Nueva Veracruz el 29 de diciembre de 1638, para entregar en la ciudad de México a Sebastián de Castro y a don Teodoro de Fuentes y Tovar, cuya imposición monta 1 550 pesos que quedaron metidos en la Real Caja.
Juan Arias, residente en el ingenio La Santísima Trinidad, en esta jurisdicción, dio su poder cumplido al Contador Don Juan Blázquez[Juan Blázquez Mayoalgo], juez oficial real en la nueva ciudad de Veracruz, y al padre Rector de la Compañía de Jesús Diego González, que reside en esa ciudad, generalmente para en todos sus pleitos, causas civiles y criminales, y para que puedan recibir y cobrar cualesquier pesos de oro, joyas, esclavos, mercaderías y otros géneros; especialmente para que puedan vender cualesquiera de sus bienes, señaladamente, un esclavo negro llamado Felipe de la Cruz, de tierra Mozambique, por el precio que hallaren.
Juan de Oceta, escribano público de Jalapa dio su poder cumplido a Don Juan Blázquez Mayoralgo, Contador, Juez Oficial de la Real Hacienda de la nueva ciudad de Veracruz, a Don Luis Blazquez Mayoralgo, vecino de la Villa de Madrid, y a Juan y a Diego Hernández de Córdoba, agentes de los reales consejos en la corte de Su Majestad, para que en su nombre parezcan ante el Rey en su Real Consejo de Indias, y pidan la confirmación del oficio de escribano, haciendo las diligencias que sean necesarias.