Andrés Pérez de la Higuera, y su legítima mujer, Doña Francisca Díaz Matamoros, residente en el ingenio La Santísima Trinidad, dieron su poder cumplido a Antonio de Rojas y a Cristóbal de la Carrera, vecinos de Los Ángeles, a cualquiera de ellos in solidum, para que en sus nombres puedan poner y asentar a cuentas con la mujer e hijos de Felipe Gómez, ya difunto, vecino que fue de Los Ángeles, sobre la cantidad de pesos que don Andrés Pérez le quedó debiendo por escrituras, cédulas y cuentas de libro, nombrando terceros contadores y partidores, y piden que las otras partes por la suya también les nombren, y se cumpla el trato de espera que Felipe Gómez les hizo; y en razón de ello, hagan los autos y diligencias que convengan; y el alcance, lo traspasen en un censo que tienen sobre el ingenio Nuestra Señora de la Concepción, de su hermano Francisco Hernández de la Higuera.
El Capitán Don Sebastián de la Higuera Matamoros, vecino de esta jurisdicción, declaró que por cuanto sus tíos Andrés Pérez de la Higuera, y su esposa, Doña Francisca Díaz Matamoros, traspasaron 14000 pesos de un censo de 11200 que tenían impuestos en el ingenio de Nuestra Señora de la Concepción, a favor de los bienes y herederos de Felipe Gómez, difunto, vecino que fue de la ciudad de Los Ángeles, y ahora, Juan de Zavala, vecino de la nueva ciudad de Veracruz, y Alguacil Mayor del Santo Oficio de la Inquisición, ha sucedido en 3000 pesos de censo principal y solicitó a Don Sebastián de la Higuera se los reconozca como sucesor en el citado ingenio; atento a lo cual, Don Sebastián reconoció los 3000 pesos de censo y a Juan de Zavala como su propietario, desde el primero de enero del presente año que sucedió y le pagará 150 pesos de oro común anuales.
Doña María González de Amarilla, como usufructuaria del ingenio La Santísima Trinidad y de los demás bienes y haciendas que quedaron por fin y muerte de su esposo, Don Francisco Hernández de la Higuera, y Don Andrés Pérez de la Higuera, su hijo mayor, y marido de Doña Francisca Díaz Matamoros, declaran que los 20, 000 pesos que le deben a la mujer e hijos de Felipe Gómez, difunto, los debe el ingenio La Santísima Trinidad y todos los demás bienes vinculados, y no la referida Doña Francisca Díaz Matamoros, ni su dote ni arras, porque con ellos se pagó parte de la dote de Doña Catalina Márquez de Amarilla, hija y hermana de los susodichos, y esposa de Tomás de Suasnabar y Aguirre, vecino de la ciudad de México, en cumplimiento de una cláusula contenida en la escritura de fundación del Mayorazgo de la Higuera.