Doña María Antonia del Castillo, vecina y natural de la ranchería de la Hoya, hija de padres difuntos, otorga su testamento en la forma siguiente: Declara fue casada con don Mariano Alarcón, con quien procreó siete hijos de los cuales existen solo José Mariano, María del Carmen, María Guadalupe y Ana María Alarcón y Castillo. Por fallecimiento de su esposo quedaron los bienes siguientes: una casa de cajón, una cocina y un troje de morillos, una fanega de sembradura de maíz, tres de cebada, cuatro almudes de papa, siete mulas aparejadas, cuatro caballos de silla, dos yeguas con siete crías o potrancas, una yunta de bueyes, una vaca y diez puercos. Las deudas que tenía a favor: fueron 15 pesos de Clemente, 11 pesos de don Lucas Durán, 6 pesos de Mariano Landa y 8 pesos de su hermano Miguel Landa, de todo, sólo ha cobrado lo de Clemente. De las deudas pasivas que dejó fueron: a don José Antonio Lemus 70 pesos, a la hermandad de San José 40 pesos, y más 30 pesos que para sepultarlo le facilitó don Juan Córdoba, cantidades que están liquidadas, las dos primeras por cuenta de la masa y la última por el hijo de la otorgante José Mariano, con dinero suyo. De los bienes que dejó su esposo, sólo existen; una casa, una cocina y una troje todas construidas en terreno ajeno, una potranca negra con un muleto, a causa de que la cosecha de maíz, cebada y papa fue muy corta por haberse helado y lo poco que produjo, lo consumió la familia para su sostenimiento en menos de un año, porque las mulas, caballos, parte de la yeguas y los puercos fueron extinguidos por la tropa del Rey que estuvo acuartelada en la ranchería de la Hoya en tiempo de la insurrección. Declara que enajenó un caballo, la yunta y la vaca y de ello satisfizo los réditos a la cofradía del Señor San José y al Señor Lemus, y entregó la contribución forzosa por orden de don Joaquín del Castillo y Bustamante. Señala que desde antes del año de muerto su esposo, se concluyeron los bienes, y tanto ella y sus hijas han subsistido gracias a su hijo José Mariano, quien también reparó la casa, troje y la cocina. Nombra por su albacea y curador de sus hijas al mencionado José Mariano Alarcón y Castillo, su hijo.
DIONISIO CAMACHO, ALCALDE CONSTITUCIONAL DE CUARTA NOMINACIÓNMaría Telésfora de los Reyes y María Benita Octaviana Álvarez, hermanas, con sus respectivos maridos Antonio Roldán y José Severo Romero, de los cuales Benita y Romero son menores de edad, por cuya razón concurre como curador de ambos Vicente Alarcón; con la precisa licencia de sus maridos, dijeron que don Marcelino Pensado, como curador ad bona de las Álvarez, le vendió a Ana María Alarcón y Castillo una casita deteriorada perteneciente a las relacionantes, ubicada en esta ciudad en el barrio de Santa María, con 9 varas de frente, que lo hace con la calle que va al molino de Pedreguera, y formando esquina a la izquierda linda con el callejón del Chorro de San Pedro; y por la espalda con solar que fue del finado José Hipólito, siendo el fondo del sitio de 44 varas; cuyo solar y ruinas fue vendido a Ana María Alarcón en 100 pesos, dándole a ésta el nominado Pensado un papel de venta privado en esta ciudad el 16 de junio de 1832. Y habiendo muerto Pensado, Ana María Alarcón solicita se le ratifique formalmente dicha venta, por lo cual, otorgan que la ratifican.
JUAN NEPOMUCENO DE ARRIAGA, ESCRIBANO