Pedro Hernández, natural de Sevilla, en virtud de la muerte de su esposa, dejó a su hija recién nacida en poder de María de Arellano, vecina de Jalapa, para que la cuida y alimente como si fuese hija propia y la tenga por tal.
El Capitán Don Sebastián de la Higuera Matamoros, y su esposa Doña Josefa de Arellano e Irala [Irala y Arellano, Josefa], nieta de Hernando Ruiz de Córdova[Córdoba] y de Doña María de Arellano[María Arellano], heredera de Don Ramiro de Arellano y de Doña María de Irala, difuntos, y como patrones de las capellanías de misas que fundó el Lic. Gaspar Ruiz de Cabrera, hermano de sus abuelos, en la iglesia Mayor de la Antigua ciudad de Veracruz, y en razón de la muerte del Bachiller Gaspar de Benavides, nombraron por capellán al Bachiller Diego de Olivares Galindo.
Hernán Ruiz de Córdoba, vecino de Veracruz, dio carta poder a su esposa María Arellano, para que en su nombre pueda cobrar, pedir y demandar de cualquier persona los pesos de oro común que le debieren.