Se tomó la razón de 5 pipas de vino en 30 barriles que lleva en su recua Gaspar Díaz para entregar en Oaxaca al Alférez Juan Rubio.
Cristóbal de Lozana Salazar, vecino de Jalapa, y Juan Rubio, oficial de sastre, residente en esta provincia, formaron una compañía para vender ropa y otros géneros durante dos años, en esta manera: el primero entregó al segundo 1 000 pesos de oro común en mercaderías de Castilla, de China y de la tierra, como son ruanes, creas, jerguetas, tafetanes, sedas, mitanes, paños, naguas, huipiles y otros géneros, para venderlos en una tienda que Cristóbal de Lozana tiene en este pueblo; y el dicho Juan Rubio, pone su oficio y trabajo de sastre; al término de los dos años, Cristóbal de Lozana se llevará dos tercios de las ganancias, y Juan Rubio, un tercio de las mismas.
Diego Dávila Barrientos y Juan Rubio [de Rocha], su compadre, vecinos de la jurisdicción de Quichula [Quechula], hacen compañía en una tienda en el pueblo de Quichula [Quechula] bajo las condiciones siguientes: Diego Dávila Barrientos pone 1 000 pesos de oro común, que tiene entregados a Juan Rubio, quien pone de su parte 200 pesos de oro común, la solicitud, asistencia y trabajo de su persona con lo cual ha de administrar dicha tienda. Cada año se comprometen a hacer un balance y repartirse las ganancias por partes iguales. Juan Rubio ha de sacar del caudal de la compañía lo necesario para el sustento de su mujer y familia.
DOMINGO ANTONIO GÓMEZ, ESCRIBANO REAL